‘Joker’ denuncia y advierte una catástrofe social aterradora

esta crítica puede contener spoilers

La mayoría de las películas basadas en comics que llegan como grandes producciones al cine tienen uno o dos objetivos bien concretos que funcionan en un nivel superficial. Solo este año Avengers: Endgame se convirtió en la película más taquillera de la historia, y la mayoría estuvo de acuerdo en que fue grandiosa y entretenida, pero algo que no vale decir de esa o ninguna de las demás películas de Marvel es que plantean temas de actualidad invitando al debate posterior, porque está claro que la intención escapista es lo que prima en las mismas. La nueva película basada en un personaje de DC es todo lo contrario, y vale notar cómo funciona esa búsqueda narrativa «oscura y lúgubre» porque no se trata de una búsqueda meramente estética, sino de un estudio de personaje que representa una idea que va más allá de la película misma.

La figura del Joker es quizás una de las más conocidas en la cultura popular, y a través de los distintos medios para donde fue adaptado tuvo tantas versiones como su contraparte heroica, Batman. Una de sus principales características es la atracción que tiene hacia el caos en su forma más misteriosa, haciendo difícil la descripción del personaje sin caer en abstractos y ambigüedades. Es una de las razones por la cual esta versión cinematográfica a cargo de Todd Phillips ya estaba destinada a convertirse en una de las películas más discutidas del año, también teniendo en cuenta que quien interpreta al icónico personaje es Joaquin Phoenix, que es conocido por la ciudadosa selección de papeles (iba a interpretar a Doctor Strange en Marvel antes de Benedict Cumberbatch, pero afortunadamente no se concretó). Sin embargo, esta versión del Guasón se aleja del enigma propio del personaje y apuesta por una historia centrada en el realismo, dejando de lado todos los ornamentos típicos del cine de superhéroes y supervillanos.

No es tan inteligente como pretende ser, pero sí es angustiante en varios niveles, mayormente gracias a la interpretación de Phoenix, que entrega una de las actuaciones más encomiables de su carrera. Acá encarna a Arthur Fleck, que trabaja como payaso y tiene anhelos de convertirse en comediante, pero que no se escapa de sus patéticas habilidades sociales y una irónica condición patológica que lo impulsa repentinamente a reírse a carcajadas de forma inmotivada. Sería fácil describirlo como un perdedor o un resentido con la sociedad, pero el guion -con diálogos evidentes pero certeros- se asegura de que quede claro el padecimiento que tiene, y que sus acciones posteriores no responden únicamente a un hartazgo sino a un desequilibrio mental, además de una serie de factores complejos que van apilándose. La película no lo justifica ni lo condena, pero sí denuncia a todos los sistemas responsables de su existencia, y a la vorágine social que se produce a causa de sus decisiones.

Una de las escenas más exasperantes de la película probablemente pasará desapercibida en medio de tantos momentos fuertes, pero tiene un grado de importancia muy elevado en el contexto de la crítica sociopolítica que se hace. La misma se lleva a cabo en un consultorio psiquiátrico público, con Arthur sentado a un lado del escritorio, y al otro lado la trabajadora social, que mantiene una postura casi robótica y no se inmuta ante los obvios problemas que lo aquejan y que apenas puede expresar. Después de intercambios entrecortados, la trabajadora le anuncia que ya no podrán reunirse, puesto que le cortaron todos los fondos y el programa social ya no estará disponible. Arthur se pregunta entonces cómo hará ahora para conseguir sus medicamentos, pero cualquiera que lea las noticias de vez en cuando sabe que esa pregunta no tiene una respuesta sencilla, por lo que funciona cuando el guion lo ignora por completo.

Ese es solo uno de los tantos problemas que van acrecentándose en el fondo de la historia, que transcurre en una Ciudad Gótica que se asemeja al New York de finales de los setenta e inicios de los ochenta. La película inicia con el anuncio de una huelga de recolectores de basura, lo que es un obvio guiño a Taxi Driver de Martin Scorsese, película que se filmó durante una huelga de recolectores real que el director aprovechó para darle mayor valor a la producción. No es detalle menor, puesto que aquel magnífico filme es una de las inspiraciones para esta, que también cuenta con Robert De Niro en el papel de un popular conductor de talk show nocturno llamado Live with Murray Franklin. Se entiende que Phillips no es muy fan de los talk shows, ya que la presencia de Murray satiriza a esta clase de programas, que en ocasiones se aprovechan de los ciudadanos y sus quince minutos de fama para generar contenidos insustanciales.

A medida que el escenario social y político de Ciudad Gótica va desmoronándose, Arthur va enfrentándose a conflictos personales cada vez más complejos que tienen que ver con su infancia. Su madre, Penny Fleck (Frances Conroy), que apenas funciona sin la ayuda de su hijo en tareas sencillas como el baño o la cena, parece obsesionada con Thomas Wayne, uno de los tantos multimillonarios de la ciudad, para quien trabajó hace más de tres décadas. Esto lleva a Arthur a obsesionarse con conseguir algunas respuestas a preguntas que ni siquiera puede formular en su mente, pero que suponen un misterio que necesita resolver para encontrarle algún propósito a su existencia. Cada giro -tanto los inesperados como los más predecibles- adquiere fuerza gracias a Pheonix, que se devora la película con un personaje bien construido e hipnotiza con una presencia bestial. Es imposible quitarle los ojos de encima un solo segundo, y eso que hay mucho más aparte de él por apreciar.

Todo el entorno de Joker está diseñado para incomodar lo suficiente como para quedarse atónito, pero no demasiado como para agotar. La fotografía de Lawrence Sher acompaña su descenso a la demencia, y así también lo hace la banda sonora de Hildur Guðnadóttir, que se asemeja al trabajo de Hans Zimmer en The Dark Knight, pero le agrega más caos a la percusión y a las cuerdas, otorgándole una personalidad desordenada que enturbia los sentidos. La leve intervención de Zazie Beets como una especie de interés amoroso parece básico y poco trabajado, pero luego se justifica y agrega una dosis más de incomodidad al desarrollo del personaje central, cuya tragedia llega a un climax impresionante.

Joker muestra como la individualidad y la colectividad pueden retroalimentarse negativamente cuando los sistemas que deben sostenerlas colapsan bajo su propio peso. A pesar de no contar con la mejor dirección o de tener un guion que peca de obvio en algunos momentos, es una apuesta arriesgada considerando el mundo de películas basadas en comics que han salido de la factoría de Warner Bros. y DC. Las intenciones hacen que la película sea única dentro del género y el riesgo rinde frutos suficientes como para continuar el debate luego de terminada la película, que sirve tanto como una advertencia social como un vehículo actoral para Phoenix, que sigue confirmando que es uno de los actores más interesantes que trabajan ahora mismo.

Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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