‘Jojo Rabbit’, amor y baile en tiempos de guerra

En el corazón de la nueva película de Taika Waititi está el joven Roman Griffin Davis, que se roba el show con carisma, simpatía, y afecto, a pesar de que su personaje es un niño de diez años fanático de Hitler y que desea con todas sus fuerzas unirse a sus filas durante la Segunda Guerra Mundial. Es una premisa ambiciosa, peligrosa, y delicada, y Waititi consigue triunfar gracias a que sabe dirigir niños como pocos realizadores, sacando siempre el lado más entrañable de ellos, por más que los personajes que interpretan puedan llegar a ser insoportables o difíciles. Si no fuera por él, tal vez no hubiésemos tenido a Julian Dennison en Deadpool 2, y realmente espero que otro director sepa retratarlo con tanto encanto como él lo hizo.

Si no fuera por él, tal vez Jojo Rabbit no sería tan irreverente y cálida como es. Con once años, el actor prácticamente lleva a cuestas la película, aunque está bien acompañado por un elenco estelar que brilla sin opacar. Su mamá es Rosie, interpretada por Scarlett Johansson, a quien la comedia no le sienta bien, excepto cuando su participación tiene otros matices. En este caso, es una relación muy particular la que tienen, puesto que la mamá claramente no está de acuerdo con la guerra y no simpatiza con el partido, mientras que su hijo es todo un nacionalista que es fácilmente influenciado por la propaganda. Su mamá también alberga a una judía en su casa, algo que él descubre una tarde cuando vuelve temprano, poniendo su mundo de cabeza.

Thomasin McKenzie interpreta a Elsa, una muchacha escondida detrás de las paredes de la habitación de la fallecida hermana de Jojo. Encontrarse con una judía sorprende sobremanera al chico, ya que todas las historias que estuvo escuchando de parte de adultos decían que los mismos parecían monstruos, y que carecían de toda humanidad. Sin embargo, esta muchacha demuestra algo de vulnerabilidad en medio de tanta fortaleza, y a medida que ambos hablan más, Jojo va entendiendo su error, aunque su mente de 10 años sigue contaminada de tanta información falsa. Una de las fuentes de comedia de la película es justamente la interacción entre ambos, y una vez más, Waititi demuestra que puede sacar provecho de sus jóvenes, por más que tengan poca o nula experiencia frente a cámaras. A Roman se le nota en más de una ocasión, pero no lo suficiente como para molestar.

La película funciona de maravillas cuando se enfoca en la relación entre Jojo y Elsa, y como este contrasta con la relación de Jojo con los adultos que lo rodean, que solo están para enfatizar en la sátira que busca el guion, en especial al propio Waititi, que interpreta a la versión imaginaria de Adolf Hitler. Hitler se convierte así en su figura paterna, alentándolo a ser un mejor nazi para que todos estén orgullosos de él. El chiste funciona al principio, pero se queda sin fuerza a la mitad de la historia, y el director lo sabe porque lo deja de lado por completo recién hasta el clímax, donde lo regresa a la pantalla solo para que el personaje no quede en la nada. Sin embargo, siento que la historia podría haber funcionado mucho mejor sin el personaje de Hitler, cuya obvia intención es caricaturizarlo. El humor mordaz igual llega desde otros ángulos, como los oficiales de la Gestapo que se aparecen en su casa y ridiculizan al máximo los protocolos y las ambiciones nazi.

También así sucede con todas las escenas que tienen que ver con los miembros de las Juventudes Hitlerianas, que cuentan con Sam Rockewell como líder, acompañado este de Rebel Wilson, como su leal asistente. La presencia de ambos eleva el humor burlón sin ningún matiz, pero la crueldad que atraviesa Jojo logra una incomodidad que obliga a uno a confrontar la naturaleza real de todo lo que está contando Waititi, y es la cruda realidad de un niño que debería estar jugando con amigos, pero que se encuentra en medio de una situación desgraciada. Taika logra un balance delicado y fino en el que uno apoya a Jojo con la esperanza de que todo salga bien para él, y que realmente abra los ojos a los horrores del nazismo y la guerra.

El elemento principal que inclina la balanza hacia el triunfo es la música, tanto de forma literal como abstracta. La película empieza con una versión en alemán de I Wanna Hold Your Hand de The Beatles en un montaje alucinante que coloca a Hitler como si fuera una estrella de rock, y también hace un excelente uso de una versión en alemán de Heroes de David Bowie, que es perfecta porque es acerca de dos amantes encontrándose tras el Muro de Berlín, además de que cuenta una historia de amor con un trasfondo de opresión. La mamá de Jojo era una bailarina antes de la guerra, y habla en varias ocasiones acerca de la importancia de bailar como muestra de felicidades y vida, y Waititi se asegura de que los momentos alegres y optimistas sean ensalzados por una canción.

Jojo Rabbit no es perfecta, pero la intención es muy inspiradora, y el guion se pasea por varios cambios tonales de forma gradual, empezando como una comedia negra descarada, y terminando con una historia emotiva que seguramente hará llorar a más de uno, sin ser en ningún momento manipuladora ni desleal con su propia naturaleza. En lo que respecta a sátiras políticas de los últimos años, definitivamente no es tan ingeniosa como La Muerte de Stalin, pero por su relato de amor en tiempos de guerra conquista con un gran corazón.

Acerca de Emmanuel Báez 2705 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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