‘John Wick 2’ expande la mitología y entrega más acción brutal

La primera película de John Wick fue una verdadera sorpresa. Unos años antes, Keanu Reeves había intentado surgir de nuevo en el mainstream con películas de acción como 47 Ronin y Man of Tai Chi pero no había funcionado. Entonces fue que Chad Stahelski, que trabajó con él como su doble de riesgo en la trilogía Matrix, lo llamó para protagonizar un nuevo proyecto de acción luego de haber aprendido lo suficiente trabajando como coordinador de escenas de riesgo durante más de una década. Con un guion sencillo firmado por Derek Kolstad, que también conseguía así su primer largometraje, la película fue un gran éxito.

Es muy importante notar que Stahelski dedicó gran parte de su carrera a trabajar en películas de acción cuidando uno de los aspectos más importantes que es la verosimilitud durante las secuencias más peligrosas, las que generalmente involucran pelea cuerpo a cuerpo con armas simples, haciendo uso de distintas artes marciales. John Wick marcó al público amante del género porque se notaba que había alguien detrás que respetaba el estilo y que ya había visto suficiente en películas occidentales. Así como podemos ver un antes y un después de Taken, también podremos ver un antes y un después de John Wick.

Para la secuela, todos entendieron qué fue lo que funcionó tan bien con la primera parte, pero no querían hacer solamente más de lo mismo, así que se dedicaron a expandir la mitología de formas fascinantes tal como lo había imaginado al escribir la crítica de la misma. El mundo underground de los asesinos por contrato es uno de reglas y comportamientos que se exploran más profundamente, y los títulos y nombres que solamente fueron mencionados en la primera película, acá son explicados. En esta ocasión, Wick se dirige a la versión italiana del «Hotel Continental», y en un breve intercambio con el gerente, este le pregunta si su visita es para asesinar al Papa. Es una línea ingeniosa que agranda el mito del antihéroe y solidifica su figura como el Hombre de la Bolsa.

Los primeros cuarenta minutos de la película sirven para eso. Después de un inicio con una secuencia de acción donde Wick recupera su vehículo robado (con un genial guiño a Buster Keaton, uno de los pioneros de las escenas de riesgo en el cine), la película se dedica a extender lo que previamente habían contado acerca del pasado de Wick y el mundo que abandonó por amor. Toda la secuencia donde va «de compras» para adquirir nuevos elementos de trabajo, desde armas nuevas hasta trajes elegantes pero tácticos, reciben un toque extra cuando las personas que atienden los negocios le dan la bienvenida con gran aire de respeto y consideración, estableciendo que su reputación realmente le precede por mucho tiempo. Además, con un montaje de escenas que se van desarrollando de forma paralela, se aseguran de mantener el interés.

Cuando finalmente la película retoma la acción, es imposible no sentirse atraído y extasiado por tanta anticipación bien manejada, y lo mejor de todo es que no decepcionan en absoluto, entregando brutales enfrentamientos que extraen todo del personaje y también del espectador, sin perder la verosimilitud en ningún momento, aunque está más que claro que es necesario suspender la incredulidad porque la figura de Baba Yaga realmente se mueve más como un ente que una persona común y corriente. Toda la construcción previa, las escenas, los diálogos que van ensalzando a Wick hacen que las escenas de acción tengan un aura de misticismo impermeable ante críticas quisquillosas que seguramente se pueden puntar en visionados posteriores. Por ejemplo, gran parte de las escenas donde Wick dispara a matar, las víctimas se encuentran detrás del plano, mientras que él está caminando hacia la cámara, así que no se puede ver realmente el estado de los demás asesinos y solo nos queda asumir que estaban a punto de matarlo, pero sólo él fue más rápido y habilidoso con sus armas. Es un truco que funciona perfectamente por todos los factores mencionados, además de que uno queda hipnotizado por la fotografía y la dirección con gran pulso.

La trama se mantiene simple: aunque Wick desea salirse de vuelta del juego, otro asesino aprovecha la situación y lo obliga a cancelar una deuda pendiente, obligándolo a viajar a Roma para deshacerse de alguien para que él pueda tomar su lugar en la Mesa de Honor, que es la mesa directiva de este mundo que ahora exploramos. Los nuevos jugadores van exponiendo la amplitud de este mundo, como Lawrence Fishburne que interpreta a un hombre que maneja una red de mendigos que trabajan también como asesinos, aunque cumplen más una función de guardianes o mensajeros. El concepto no es muy diferente al de las películas de Matrix, ya que hay toda una sociedad escondida debajo de la supuesta realidad cotidiana, y todo lo que ocurre en este submundo parece determinar el orden de las cosas a nivel político y social. El hecho de que el Gerente del hotel le pregunte a Wick si su intención es matar al Papa indica que seguramente existieron muertes famosas que podrían haber sido trabajos de algunos de estos asesinos especialistas, y esa posibilidad es todavía más fascinante.

John Wick 2 termina como muchas secuelas contemporáneas, con la promesa de una tercera película que daría el cierre definitivo a una saga de acción que podría pasar a la historia. Con un final semi-abierto se pierde un poco la consistencia, pero no se puede negar que la segunda vez fue mucho mejor que la primera, y eso ya es mucho decir en el Hollywood actual, donde simplemente se aprovechan del éxito de una película para hacer una continuación mediocre.

Acerca de Emmanuel Báez 2655 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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