‘It Capítulo 2’ es mucho ruido y pocas nueces

It Capítulo 2 no se pudo escapar de una de las tendencias más comunes de las grandes producciones hollywoodenses contemporáneas: todo en la película está multiplicado por diez en relación a la primera parte, que en el 2017 se convirtió en una de las más taquilleras del género en todo el mundo. Algunos aspectos están bien manejados, como la evolución en la psicología de los protagonistas, pero otros elementos se escapan de las manos del director Andy Muschietti, que confunde ruido con sustancia, y se pierde en un mar de influencias que opacan su trabajo, alterando la personalidad que logró imprimirle en la primera película.

Sin embargo, se disfruta lo suficiente porque los aspectos que funcionan consiguen mantener cierta cohesión narrativa. Bill Skarsgård mantiene su esencia juguetona y perversa, incomodando cuando pasa de un estado a otro como si alguien girara la perilla de su maldad de cero a cien en menos de un segundo. Su efecto sigue siendo efímero, pero sumamente efectivo porque Skarsgård se compromete con toda la figura de Pennywise, tanto como cuando se arriesga a ser absurdo como cuando es genuinamente atemorizador, y los detalles físicos propios que trae al rol siguen generando ese nerviosismo de cuando uno está viendo algo que raya lo innatural, pero no tanto como para desviar la vista.

El elenco adulto del Club de los Perdedores está igualmente acertado, especialmente Bill Hader que hace de Richie Tozer y James Ransone que hace de Eddie Kaspbrak. El primero trae su fortaleza como comediante a la mesa, y el segundo una apariencia vulnerable y temerosa que sabe controlar, y ambos se destacan por sobre el resto porque se desenvuelven bien con la personalidad que les toca. James McAvoy y Jessica Chastain son los nombres más reconocibles, interpretando a los adultos Bill Denbrough y Beverly Mash. En la primera película, Bill era el centro de gravedad del grupo porque todo se trataba acerca de su búsqueda, pero en esta historia pierde por completo su cualidad de líder y se lo siente más perdido, aunque McAvoy es ejemplar en el papel. Por su parte, Beverly tiene la historia más trágica y compleja porque su sufrimiento de adolescente fue el más complicado, y Chastain logra retratar esa complejidad con palpables matices.

Tanto Jay Ryan, que interpreta a Ben Hanscom, como Isaiah Mustafa, que interpreta a Mike Hanlon, cumplen con sus roles como una extensión de sus personajes adolescentes. No se siente como que existen más allá de estas películas, pero actoralmente funcionan y eso es suficiente. El personaje de Mike sigue siendo el más desconcertante, como lo fue en la primera película, donde estaba representado casi como un extra destripado de su esencia. En el libro de Stephen King era el más interesado en la historia de Derry, y se había empecinado en conocer a fondo los detalles más extraños del pueblo. En esta secuela, su obsesión con la historia de Pennywise lo deja más como un demente que como alguien que está haciendo un trabajo periodístico, y hasta podría tratarse de un personaje diferente al que era en su adolescencia.

Sin embargo, es el que revela al grupo la forma de vencer a Pennywise: el Ritual de Chüd, que aprendió de un pueblo nativo que ya se había enfrentado al payaso en su forma más pura. La expansión de la mitología es, al mismo tiempo fascinante y problemática, ya que cambian la mística del «monstruo» agregándole detalles sobre su origen. Este origen es sumamente interesante, como algo que solo podría salir de la mente de Stephen King, pero no funciona tanto en lo cinematográfico porque dilata la historia y reduce la maldad de Pennywise a algo más descriptible, aunque sigue siendo relevante el tema de cómo se alimenta de la toxicidad más retorcida del ser humano. La película empieza con el asesinato de una pareja homosexual (interpretados por Xavier Dolan y Taylor Frey) por parte de unos homofóbicos, que logran así alimentar lo suficiente al payaso como para que su resurgimiento sea oficial.

El desarrollo de la trama se da en numerosos set-pieces que son efectivos de forma individual, pero que no logran conectarse entre sí debido a que son repetitivos y fácilmente pierden la fuerza como conjunto. Desde que Mike les revela el Ritual de Chüd, envía a cada uno a encontrar una pieza relacionada a su pasado, la cual deben buscar sin compañía (esto no tiene ninguna explicación y solo sirve para separarlos y crear situaciones aisladas) y volviendo a enfrentar sus propios miedos olvidados. Ahí es donde el guion de Gary Dauberman palidece demasiado por más que Muschietti aprovecha al máximo la mezcla de fantasía y terror, mostrando toda clase de criaturas peculiares que asustan a los niños y adultos mientras van conectando los puntos perdidos de sus propias vidas. Después de dos o tres escenas similares, ya todo se siente básico y gastado, y solo queda calificar la creatividad de los set-pieces individuales.

Los problemas se acentúan con un montaje que en ningún momento piensa en la digestión de las situaciones que deberían ser aterradoras, ya que la película se pasa cortando sus momentos inspirados, pasando a una situación cómica o simplemente continuando la historia de otro personaje, sin que el espectador haya tenido tiempo para asimilar lo que acaba de ocurrir, quitándole así también el tiempo a los protagonistas que sufren la odisea de volver a enfrentarse a sus miedos.

Con poco menos de tres horas de duración, It Capítulo 2 es otro ejemplo de que «más no es mejor». Se siente como que Muschietti está muy enamorado del proyecto, y no es capaz de distinguir lo que es necesario de lo que no, como una serie de referencias al mundo de Stephen King en el cine, que no hacen más que reforzar su incapacidad por desapegarse del material al querer rendir homenaje al autor del libro, algo que no debería interrumpir la narración de la película, pero lo hace. Hasta el propio King tiene un cameo como el dueño de una tienda, aunque su aparición no es sino anecdótica. Es cuando la película se llena de guiños a otros clásicos del cine cuando es fácil salirse de la diégesis, y ya resulta difícil volver a compenetrarse con lo que está sucediendo. Al final es una experiencia decente que se mantiene a flote gracias a un elenco comprometido que tiene una química que no se puede negar y un trabajo visual ingenioso.

Acerca de Emmanuel Báez 2661 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D