‘Isle of Dogs’, el amor a los perros y al cine japonés según Wes Anderson

Isle of Dogs tiene todo lo que uno podría esperar de una película de Wes Anderson. Es extraña y hermosa, con un casting encantador, y una historia muy particular de esas que es imposible imaginar en manos de algún otro realizador. Él es lo que uno llamaría un gusto adquirido, ya que sus obras son tan peculiares que siempre que sale una nueva resulta interesante describirla en el contexto de las películas más taquilleras del mismo año, que casi siempre son productos completamente opuestos en todo sentido. Luego de ocho películas uno ya llega a sus trabajos con intención y no por accidente, aunque se me hace muy divertida la idea de sentar a algún fanático de alguna película extremadamente incomprensible, como por ejemplo, cualquiera de la saga Transformers, y mostrarle el lado opuesto de caos cinematográfico. Mucho ya se dijo acerca de las obras de Anderson, pero personalmente encuentro mucha serenidad en su visión de cada historia, independientemente de que la misma funcione o no.

El caso particular de su nuevo trabajo merece nuevamente toda la atención posible, tanto por la belleza inherente como por las falencias que no se pueden ignorar. La trama se sitúa en una ciudad japonesa donde los perros fueron expulsados debido a una crisis de sobrepoblación canina que derivó en una enfermedad que terminó deshaciendo la armonía milenaria entre perros y humanos. Los canes fueron abandonados en una «Isla de basura», y la historia empieza unos seis meses después de este destierro masivo con la valiente aventura de un chico llamado Atari (Koyu Rankin), que se embarca en la misión de recuperar a su fiel amigo Spots. La película está contada desde el punto de vista de los perros, y por esa razón ninguno de los diálogos en japonés está subtitulado, aunque Anderson igualmente apela a ciertos recursos (una traductora que trabaja en un medio de comunicación, un perro que interpreta algo de lo que se muestra en la televisión) para hacer entender al espectador lo que ocurre en la ciudad mientras políticos, científicos, y activistas debaten acerca del futuro de los animales.

Atari recibe la ayuda de cinco canes, Chief (Bryan Cranston), Rex (Edward Norton), King (Bob Balaban), Boss (Bill Murray), y Duke (Jeff Goldblum), que lo acompañan mientras busca a Spots por toda la zona, enfrentándose en el camino a varios obstáculos, desde perros robots comisionados por el mismo gobierno de la ciudad como primera medida de reemplazo y también para eliminar a los animales orgánicos, así como otros perros que sobreviven en el lugar, y hasta la misma isla que era utilizada como basurero. A pesar de la barrera del lenguaje, Atari y la manada se entienden porque el lazo entre ambas especies es automático cuando hay cariño de por medio. Los mensajes de lealtad y coraje resaltan en cada diálogo mientras los perros discuten entre ellos acerca de la naturaleza del hombre, lo cual divide a la población canina entre los que creen que los hombres siguen siendo los «amos» y los que han perdido por completo la confianza.

La mirada política de Anderson es evidente, aunque algo contradictoria por momentos. Mientras que los perros son ensalzados por el valor de su compañía a través de los tiempos y la conexión única que pueden llegar a tener con las personas, la trama representa a los antagonistas acompañados de gatos, y no es para nada sutil, por lo que el activismo pasa a ser algo hipócrita. Igualmente hay demasiado para admirar en su segunda película stop-motion después de Fantastic Mr. Fox. Técnicamente es impoluta y uno podría perderse en los detalles de cada personaje, escenario, o situación. Las ideas visuales son muy ingeniosas, como las peleas entre los perros que tienen un estilo caricaturesco con una especie de nube de algodón donde no se entiende lo que ocurre, o simplemente el pelaje de cada animal que puede distraer a uno de la trama. La fotografía vuelve a ser de Tristan Oliver, que ya trabajó en Fantastic Mr. Fox y ParaNorman, y algunos de los planos de la película son de los más hermosos e hipnotizantes del año.

A nivel guion sí tiene unos problemas, y es que hay subtramas innecesarias como la de una estudiante norteamericana de intercambio llamada Tracy (Greta Gerwig), quien hace una investigación con respecto al trasfondo corrupto del gobernante local, pero cuya presencia tiene poca o ninguna injerencia en los hechos principales. Hay una clara intención de que su resolución afecte a la trama de Atari y el destino de los perros, pero todo el desarrollo es insignificante y le resta emoción a la línea argumental central. Así también la presencia de Nutmeg (Scarlett Johansson), que hace de una perra que aparece al principio solo para hablar de su vida sexual y sus parejas, y luego otra vez al final para quedar con Chief, pero no tiene el más mínimo desarrollo y eso hasta hace que su aparición sea algo ofensiva. De hecho, a pesar de un casting femenino muy prominente, ningún personaje femenino -humano o canino- tiene nada interesante ni memorable que aportar.

Nada de eso le quita la belleza a la obra. Sumándole la banda sonora de Alexandre Desplat, de una fuerza oriental moderada, y las notables inspiraciones del cine clásico japonés, en especial algunos títulos de Akira Kurosawa como Drunken AngelDodes’ka-den, cuyos escenarios basurales son básicamente prestados para la «Isla de Perros», Anderson realizó una obra que merece múltiples visionados y que no es solamente maravillosa en sí misma sino también como claro homenaje a lo que ya vino antes, sin perder en absoluto su propia esencia. Gracias al nivel de la animación se puede decir que estos perros están tan vivos como en cualquier película de animación digital, y la marcada personalidad de cada personaje -gracias a un trabajo de voz estupendo- hace que la aventura tenga un impacto por su mismo desarrollo y por su claro mensaje de amor animal que perdura más allá de cualquier vicisitud.

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Total: 9 Promedio: 4.3
Acerca de Emmanuel Báez 2653 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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