‘Icarus’, sorprendente documental que revela años de fraudes olímpicos en Rusia

Al cineasta Bryan Fogel se lo ve nervioso más de la mitad de este documental. Yo también lo estaría si estuviera ayudando a un hombre que podría ser asesinado en cualquier momento por orden del Presidente Vladimir Putin, tras revelar que, durante décadas, numerosos atletas rusos esquivaron sistemas de detección de dopaje para poder desempeñarse de forma excepcional en los juegos olímpicos. La conspiración llega al mismísimo presidente de Rusia, y las ramificaciones son extraordinarias y suponen fraudes meticulosamente diseñados con complicidad de importantes políticos y expertos científicos cuya orden era poner al país en el mapa deportivo de una forma gloriosa, sin importar las consecuencias. El hombre en cuestión fue Grigory Rodchenkov, cabeza del laboratorio del Centro Antidopaje en Moscú, que expone la maquinaria corrupta que él mismo ayudó a configurar, tal vez sin pensar muy bien en las secuelas de sus declaraciones.

Es una de las cosas que hacen de este documental uno de los más trepidantes de los últimos años, tal vez desde Citizenfour, que también se llevó el Óscar a Mejor Documental. Sin embargo, el desarrollo de la investigación y cómo suceden las cosas es muy diferente, ya que este trabajo empieza siendo algo minúsculo en comparación a la forma que toma tras los primeros descubrimientos del director. Al principio, Fogel plantea emular los sistemas de dopaje que usó Lance Armstrong para conseguir sus medallas de oro, con el objetivo de probar que el sistema de detección está fallado. Su trabajo lo lleva a contactar a Rodchenkov casi accidentalmente y este, como si fuera lo más casual del mundo, empieza a revelarle que es algo que viene haciendo en Rusia para ayudar a los atletas a destacarse en los juegos olímpicos. El documental pasa de una investigación personal a un thriller global con tintes políticos de niveles escandalosos, y mantiene el suspenso palpable hasta el tramo final, a pesar de algunos problemitas con su ritmo.

Hay que tener experiencia para saber aprovechar al máximo una revelación inesperada en un trabajo documental. A Fogel se lo siente inexperto pero, para su fortuna, Rodchenkov es un personaje bastante peculiar, muy animado a revelar secretos de Estado, y sus interacciones están cargadas de un humor algo incómodo pero que se va volviendo sincero. Cuando el realizador no logra formular preguntas realmente interesantes, Rodchenkov toma la posta con alguna anécdota o simplemente un nuevo dato que pone en evidencia un material sumamente complicado y que debería tener consecuencias definitivas para el atletismo a nivel global. Ciertamente es un documental que interesará mucho más a quienes estén acostumbrados a seguir de cerca los acontecimientos deportivos, pero la edición y la musicalización ayudan muchísimo a que cualquiera pueda quedarse colgado del desarrollo.

A medida que avanza la investigación y tanto Fogel como Rodchenkov buscan la forma de seguir adelante con el trabajo, uno fácilmente puede comprender la magnitud del asunto. Después de todo, Rusia es uno de los países con más triunfos olímpicos, y cuando el país fue el anfitrión en el 2014, se llevó a cabo una de las manipulaciones más grandes jamás constatadas. También fue el año en el que los atletas rusos consiguieron la mayor cantidad de medallas, todos ellos salvados por los trabajos de laboratorio de Rodchenkov y agentes del FSB, el Servicio Federal de Seguridad, que colaboraron de cerca bajo órdenes de Putin y sus ministros. La descripción de cómo pudieron sortear la seguridad del Comité Olímpico Internacional es uno de los momentos más espectaculares, digno de un thriller de espionaje del más astuto e inteligente.

Con apoyo visual extra y un interesante aporte del propio Rodchenkov, que curiosamente resulta ser fanático de 1984 de George Orwell, Icarus es un trabajo que debería resonar. Por eso mismo resulta doblemente sorprendente que, al final, toda la investigación no haya tenido el efecto esperado, y el soplón haya terminado en el programa de testigos de los EE.UU., abandonando por completo a su esposa e hijas a merced de la justicia rusa, que no reparó en accionar en contra de la familia. El final es triste y carente de esperanzas, pero no quita el asombro de haber presenciado uno de los escándalos internacionales más grandes de los últimos años, casi en primera fila, casi de pura suerte, pero bien aprovechado.

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Acerca de Emmanuel Báez 2717 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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