‘Hotel Transylvania 3’ ofrece más diversión monstruosa

Hay un pequeño momento en Hotel Transylvania 3, cuando los monstruos están viajando en un avión de mala muerte controlado por un grupo de gremlins sin el más mínimo interés en las normas de seguridad aérea, que Drácula está siendo dominado por la ansiedad de no saber a dónde lo está llevando su hija. Durante un breve momento, sus piernas se descontrolan y empieza a tener un tic que lo hace zapatear el piso a un ritmo acelerado, algo provocado por los nervios de la incertidumbre. Apenas dura un par de segundos, tal vez menos que eso, pero hizo que me levantara del asiento donde me estaba hundiendo del aburrimiento y prestara mayor atención. Ese tic nervioso es algo que me pasa todo el tiempo cuando estoy ansioso por algo, y en ese instante no pude creer que me estaba identificando con este personaje claramente absurdo y caricaturesco de forma exagerada. Detalles como esos, que pasan desapercibidos para la mayoría, es lo que hizo que esta tercera entrega de la saga terminara por convencerme.

Después de eso llegaron los obligatorios chistes de flatulencias y el slapstick chaplinesco que resulta divertido a pesar de que evidentemente yo no era el target de la película. La trama inicia con un prólogo donde vemos a los monstruos escapar repetidamente del famoso cazador de apellido Van Helsing, en especial el mismo Drácula, que es el objetivo principal una y otra vez, en escenas donde el mortal demuestra no poder con la habilidad sobrenatural del legendario vampiro. Una vez que se establece que Van Helsing no es capaz de matar a Drácula por medios convencionales, la trama salta al presente, donde el dueño del hotel continúa con una rutina agobiante pero bien marcada que no le permite disfrutar de la vida más allá de los límites de su trabajo y su familia. Es ese aspecto del personaje lo que hace que se sienta más real y que sobresalga en una obra que apunta más que nada a la diversión de los niños que arrastran a sus padres al cine.

Buscando regalarle algo tan valioso como tiempo para él mismo, Mavis, su hija, lo sorprende con un viaje en un crucero para monstruos donde podrá relajarse junto con sus amigos más cercanos. Al principio, Drácula no está contento con la idea, ya que hay exactamente todo lo mismo que en su hotel, solo que en el agua, pero la llegada de Ericka, la capitana del gigantesco barco, le hará cambiar de parecer y experimentar algo único que los de su especie solo sienten una vez en la vida, o eso es lo que se creía. Con cierto grado de ternura y un estilo mucho menos detallista que otras obras de animación, la historia mezcla mucho slapstick con un mensaje sobre segundas oportunidades, por más que lleguen después de 100 años. El enamoramiento del vampiro lleva a algunas situaciones cómicas funcionales, aunque la trama predecible da lugar al regreso del aburrimiento que se llevaría todo por delante, de no ser por el agradable humor infantil que a veces tiene una de esas ya típicas capas extra de comedia diseñada solo para adultos mientras los niños se distraen con los colores y los gags. Es evidente que el director Genndy Tartakovsky vuelve a disfrutar su material, pero es una pena que los demás personajes aparezcan solo para acompañar la comedia. Ahí resaltan los padres que son hombres lobo, en una escena particularmente hilarante donde consiguen tiempo libre sin sus cachorros y no tienen la más pálida idea de qué hacer con el descanso.

Recuerdo poco de las primeras dos películas, excepto que mi hija mayor las disfrutó bastante. Eso tiene valor, y no se puede minimizar simplemente por el objetivo principal del producto, aunque tampoco se puede negar que existen títulos de animación que logran entretener sobremanera y que también sirven para iniciar alguna conversación con los chicos, algo que resulta muy necesario en los tiempos que vivimos. Esta tercera parte de Hotel Transylvania se aprovecha de conversaciones sociales actuales como la discriminación y los prejuicios para contar una historia en la que los monstruos son mejores de lo que imaginan los humanos, y hasta tienen los mismos dilemas que cualquier persona. El problema es que las películas anteriores ya trataron el mismo tema, y también existen otras de animación que lo encaran mucho mejor, así que lo que acá realmente resalta es el humor físico y algunas situaciones simpáticas que tienen que ver con Drácula ocupándose de su propia vida después de mucho tiempo de no estar en pareja, y ese es un tema más adulto que a la mayoría de los niños no les resultará interesante. Para ellos hay entretenimiento pasajero y música electrónica de DJ Tiesto.

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Total: 1 Promedio: 5
Acerca de Emmanuel Báez 2660 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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