‘Hellboy’ entrega fantasía y acción para fanáticos de Cine B

Unos días después de ver Hellboy, apenas recuerdo de qué iba la trama. Sí recuerdo que David Harbour está genial en el papel titular, y que el maquillaje es fascinante porque lograron un balance entre algo aterrador y cómico, ocultando las facciones del actor pero dejando que su interpretación fluya. Como la mayoría, tengo un lugar especial en la memoria para las adaptaciones de Guillermo del Toro, pero lo que hicieron con este reinicio merece consideración porque no buscaron emular en absoluto la sensación de las dos películas live-action anteriores, sino que ubicaron al personaje en el extremo opuesto, dejando de lado el cuento de hadas y dándole una aventura juvenil cargada de acción sangrienta, lenguaje soez, y fantasía gore. No sé si eso traiciona la esencia original de los comics, pero creo que al cambiar el target del público final, hay una muestra de respeto hacia los filmes ya lanzados, y eso demuestra madurez.

Eso sí, el guion de este reinicio no tiene nada de maduro. Hellboy y su equipo de agentes paranormales empiezan a investigar el posible renacimiento de una bruja antigua interpretada por Milla Jovovich, y eso les lleva de un escenario a otro, sin mucho contexto, y con un montón de personajes que entran y salen de escena sin mayor descripción. La actitud del demonio rojo es mucho más distendida, grosera, y hasta pueril, pero gracias a Harbour no es algo que molesta. Es evidente que estuvieron tirando algunos chistes hacia la pared, viendo qué funcionaba, y no imprimieron gran esfuerzo en los diálogos (el guion está firmado por Andrew Cosby, que tiene créditos en la serie Eureka y nada más) con breves monólogos que exponen la trama de forma bien simple.

Sin embargo, Neil Marshall dirige la acción con buen pulso y se divierte bastante con las monstruosas creaciones, tanto las que son digitales como las que no, y creo que para ser una producción comercial de fantasía en pleno 2019, hay una buena cantidad de efectos prácticos y monstruos que no son computarizados. En una escena Hellboy pelea con tres gigantes que son claramente trabajo digital, y luego se enfrenta a la fantástica bruja Baba Yaga, que está interpretada físicamente por Troy James y con la voz de Emma Tate. Es una secuencia genial, donde la bruja ataca a Hellboy mientras su cuerpo se contorsiona de distintas formas, todas espeluznantes y aterradoras. Todo esto sucede en una dimensión paralela donde la bruja reside en una casa ambulante que parece salida de la mente de Hayao Miyazaki.

Hay momentos muy inspirados y así también hay situaciones risibles esparcidas en toda la película. Su mayor problema es que tiene una duración de dos horas, y el guion realmente no lo amerita. Como producto de clase B funciona bastante bien, pero igualmente tiene una media hora de historia que podría haberse cortado para trabajar mejor en el ritmo, lo que le hubiese dado un valor extra para su fácil disfrute. Creo que en la realización se enamoraron de los conceptos que iban tratando para la historia, y al final los dejaron todos, aunque solo algunos son interesantes. Por ejemplo, la película cuenta con un prólogo en blanco y negro donde Ian McShane narra el origen de la Reina de Sangre y parece salida de la época de Sin City o Watchmen. La voz de McShane es pésima como narrador, ya que parece que está gritando al micrófono.

Después hay otros flashbacks más curiosos como el que relata Sophie Okonedo, sobre la llegada de Hellboy al mundo. Es una secuencia llena de nazis que usan lo que parecen ser lentes 3D, encantamientos, y Thomas Haden Church como Lobster Johnson, un héroe militar de la Segunda Guerra Mundial. Todo es tan ridículo que se vuelve divertido porque solo hay una dosis baja de seriedad en todo el asunto. Rápidamente la película vuelve al humor vulgar y la actitud inmadura del personaje titular, argumentando que tiene ese carácter como mecanismo de defensa. Lo único relativamente profundo es la relación entre Hellboy y su padre, aunque solo porque la trama lo requiere. Hay un aire de ternura entre ambos, pero McShane se siente demasiado bruto para este tipo de papeles.

Este reinicio definitivamente no llegará muy lejos en la memoria colectiva, pero al menos tiene bien definido su público. Tiene ideas extrañas y alocadas, y todo se mantiene a flote gracias a la caracterización de Harbour. Seguramente se disfrute más con el sonido bajo porque puede ser innecesariamente ruidoso, pero visualmente es interesante y no puedo dejar de enfatizar en la violencia gratuita que creo que deleitará a los fanáticos del Cine B, de peleas entre humanos y monstruos que terminan en desmembramientos y destripamientos sin importar que tenga o no relevancia en la trama principal.

Acerca de Emmanuel Báez 2648 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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