‘Greyhound’ es un film bélico económico y efectivo

Lo mínimo que se puede esperar siempre de Tom Hanks es que es de confianza. No está exento de trabajos fáciles de olvidar, pero hay algo en su rostro que se equipara a un sentimiento universal de afabilidad. Uno piensa en Hanks y espera que todo salga bien al final, e inclusive si no es el caso, no hay una sensación de desasosiego, porque todavía queda la esperanza. Pocos artistas tienen ese efecto en el público después de tanto tiempo, y Greyhound no podría haber funcionado con otro rostro, por más que compartiese algunas de las cualidades del Hanks.

La película está vagamente inspirada en hechos reales y sigue a un comandante inexperto liderando un convoy marítimo durante la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de la caravana es llevar recursos a los aliados, y para eso deben pasar indefectiblemente por un sector del Océano Atlántico denominado «Pozo Negro» donde no llega ayuda aérea a causa de la distancia. El principal obstáculo suelen ser submarinos alemanes usando tácticas de manada de lobos, y eso es justamente a lo que se enfrentan poco después de ingresar a la zona desprotegida.

Tanto la dirección de Aaron Schneider como el guion de Tom Hanks tienen como método narrativo principal la economía. La película empieza con una breve reunión entre Krause (Hanks), y una mujer simplemente llamada Evelyn, interpretada por Elisabeth Shue, en el que se da a entender que ambos están juntos desde hace tiempo, pero todavía no lo formalizan con un matrimonio a causa de la guerra. Es todo el trasfondo que ofrece la película, ya que salta directamente al agua y se mantiene ahí los siguientes ochenta minutos, que aprovechan solamente en dar un vistazo a un par de enfrentamientos con U-Boats. Los encuentros son sumamente interesantes desde el punto de vista militar, y cinematográficamente son efectivos, si ben sacrifican por completo cualquier clase de desarrollo emocional.

El segundo al mando de Krause es Cole, interpretado por Stephen Graham, de quien solo muestran que es respetuoso y leal. Los demás subalternos solo desfilan entre escenas siguiendo y pasando órdenes, además de mensajes y otras informaciones. Lo que le da un gran atractivo a la propuesta es el blocking en los espacios reducidos del navío. Tantos personajes moviéndose a las apuradas entre escaleras angostas y puestos abarrotados hacen que se sienta la tensión, además de las miradas dependientes de la tripulación, conformada mayormente por jóvenes que apenas están probando el sabor de la guerra. Ahí es donde el rostro experimentado de Hanks sube puntos a la obra, evocando confianza y sabiduría a pesar de estar interpretando a un comandante en su primera experiencia de batalla naval.

Aunque no hay profundidad alguna en el héroe o sus compañeros, la película aprovecha su corta duración para meternos de lleno en un escenario bélico filmado con buen pulso, y lo hace apostando por el realismo, sin caer en ninguna clase de cliché visual. Es la energía de Hanks la que mantiene a flote la trama, y todos los elementos esenciales de una buena película de guerra están presentes de forma moderada como para satisfacer expectativas moderadas. Es un plus el hecho de que hay muy pocas películas que sitúan su historia en los espacios confinados de un navío en tiempos de guerra (acá entra la obvia mención a Das Boot de Wolfgang Petersen), así que hay una sensación de novedad que le da ese toque extra como para destacarse en el género.

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Acerca de Emmanuel Báez 2754 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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