‘Gretel & Hansel’ es un exquisito y sombrío giro al clásico cuento infantil

El concepto de hacer versiones «más oscuras» de algunos clásicos cuentos infantiles que ya fueron adaptados a la pantalla grande no es ninguna novedad, pero la forma en la que el director Oz Perkins y el guionista Rob Hayes encaran esta versión del relato de Hansel & Gretel tiene más que ver con la esencia original del cuento de los Hermanos Grimm que la mayoría de todas las adaptaciones que vieron la luz del cine comercial. Partiendo de esa idea tenemos ya una premisa interesante, pero Perkins y Hayes elevan un poco más el concepto al cambiar un elemento crucial, poniendo a Gretel al frente de la historia, y haciéndola mayor que Hansel, que en esta ocasión es un niño de no más de nueve años. Por su parte, Gretel se encuentra al borde de una nueva etapa en su vida, tanto en sentido biológico como metafórico, ya que debe velar por la seguridad de su hermano pequeño mientras cruzan los misteriosos senderos del bosque, al mismo tiempo que debe descubrirse a sí misma y los cambios que está atravesando su cuerpo.

El primer logro de la cinta es el más evidente: elegir a Sophia Lillis, una actriz en ascenso que ya demostró anteriormente que puede interpretar personajes vulnerables pero determinados, y cuya valentía se puede percibir en la mirada, algo que el director aprovecha bien porque la película está mayormente constituida de primeros planos que acentúan las emociones de Gretel. Por eso mismo también resulta una distracción la decisión de incluir una voz fuera de cámara, ya que todo lo que la muchacha comparte con la audiencia se puede deducir o vislumbrar en su trabajo interpretativo, además de la dirección de Perkins. El personaje de Gretel empieza a narrar su historia literalmente unos segundos después de aparecer en pantalla por primera vez, y eso ocurre ni bien terminan los créditos iniciales, que a su vez ya fueron precedidos por un prólogo donde una mujer narraba la leyenda de una niña con poderes sobrenaturales. Este uso en exceso del recurso de la exposición en voz sugiere una intrusión ejecutiva en post-producción, o tal vez una falta de pulimento por parte del realizador.

La mayoría de las demás decisiones creativas por parte de Perkins son bastante acertadas, desde el casting del pequeño Samuel Leakey como Hansel en su primer trabajo para una película, además de la colaboración con Galo Olivares en la fotografía, que ya califica como uno de los candidatos a la época de premiaciones de finales de 2020, aunque por la repercusión y discusión alrededor de esta película, seguramente será olvidada en un par de meses. Resalta desde el principio la decisión de hacer toda la película en una relación de aspecto 1.55:1 -que no es ni tan cuadrado ni tan panorámico-, y cómo quedan los personajes encerrados en el cuadro a medida que avanza la historia y aumenta la tensión que va sufriendo Gretel. Esto sucede mayormente con ella, que es la que tiene mayor responsabilidad, mientras que Hansel recibe más espacio, siendo el acompañante de la trama, con menos comprensión de lo que sucede a su alrededor. La portentosa fotografía resalta también el admirable trabajo de diseño de producción, en especial la arquitectura de la casa de la bruja y los distintos escenarios relacionados.

El casting de Alice Krige como la malvada de la historia es también un doble acierto, elevado por un trabajo de maquillaje logrado que también resalta en primeros planos, aunque el personaje resulta menos intimidante por un desarrollo flojo. Sí, ya sabemos que básicamente la bruja se quiere comer a los niños, pero el revisionismo que le toca a los hermanos es más convincente y elaborado que el de la anciana. A pesar de los buenos elementos, la película palidece por falta de sustancia, lo que tal vez se deba a las limitaciones de la calificación PG-13 en suelo norteamericano. La atmósfera está muy bien trabajada (también gracias a la espeluznante banda sonora de Robin Coudert), pero escasea en imaginería que pueda acompañar la búsqueda de terror por parte del director, lo que hace que la sensación de pesadilla se esfume poco después del visionado. Sí se siente como un verdadero cuento infantil siniestro, especial para asustar a los niños, como originalmente fueron concebidos, pero los remates genéricos a los que recurre le impide ser más memorable de lo que ya es gracias a los demás elementos.

La visión feminista de Perkins y Hayes es fresca, y suma al argumento de una nueva versión cinematográfica distinta a la mayoría que vimos hasta ahora. Es un buen ejemplo de cómo encarar una historia que ya se adaptó y contó demasiadas veces, sin perder la esencia, haciendo ajustes necesarios como para que las comparaciones no tengan mucho sentido. No califica como una película de terror propiamente dicha, aunque intenta en contados momentos apelar a recursos más comunes, sin conseguirlo. Se hace mucho más interesante cuando deja que la atmósfera y el ambiente hagan el trabajo, entregando un relato sombrío que consigue hipnotizar y engatusar visualmente, así como los niños quedan encantados por la abundancia de alimentos que encuentran en la mesa, apenas sospechando los horrores que se ciernen sobre ellos.

Acerca de Emmanuel Báez 2683 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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