‘Godzilla: King of the Monsters’ destruye todo a su paso, incluyendo la película misma

Godzilla: King of the Monsters entrega exactamente lo que prometía: un gran enfrentamiento entre titanes como nunca antes se vio en el cine hollywoodense. El problema es que mayormente sigue sin verse. Como suele ocurrir con títulos similares de gran producción donde se requiere que exista alguna especie de monstruo, todo ocurre en medio de una fuerte lluvia o alguna otra perturbación del clima, como un huracán, neblina, o tormentas eléctricas con vientos huracanados. En la mayoría de las veces, también es de noche. A eso hay que sumarle una dirección agitada y un trabajo de sonido estruendoso y la fórmula resulta en una película donde se solo se disfruta lo poco que se puede admirar.

No carece de lógica, por supuesto, ya que los monstruos destruyen ciudades enteras a su paso y con la cantidad de edificios destrozados tiene sentido que todo esté cubierto de una gigantesca polvareda. Pero estos elementos no están presentes porque la película lo merezca sino porque ayudan a que los efectos especiales no sean tan trabajados para no elevar el presupuesto disponible. El reinicio de Godzilla de Gareth Edwards tuvo un costo de producción de unos $160 millones, y esta secuela, con muchos más escenarios y más monstruos en pantalla, estaría llegando a los $200 millones. No hay mucha diferencia para todo lo que intentan mostrar, y hay pocos momentos en los que realmente se puede apreciar a las criaturas con un porcentaje memorable de detalles.

Es cierto que el reinicio del 2014 tenía la misma dificultad, pero esa película tenía dos cosas que esta no posee: un guion más concentrado y una dirección sutil que sacaba las mejores jugadas del cine de Spielberg. Esta continuación es el equivalente en cine de kaiju al de superhéroes donde el problema es que quieren meter la mayor cantidad posible de elementos, sacrificando la cohesión narrativa en favor de un espectáculo abarrotado que satura los sentidos. Es ocasionalmente divertido, pero innegablemente inferior, tal como las secuelas del clásico original japonés, que cada vez más fueron entorpeciendo el espectáculo para un público menos exigente y más infantil.

Bajo la dirección de Michael Dougherty, esta continuación es la tercera entrada en el «universo cinematográfico» de monstruos, siendo la segunda la película de Kong que se estrenó en el 2017. Es un nuevo proyecto de Warner que definitivamente está funcionando mucho mejor que su fallido universo cinematográfico de DC, y creo que los fans más apasionados del género estarán contentos con la expansión, ya que algunos de estos icónicos titanes no aparecieron jamás en la pantalla grande en producciones norteamericanas, y realmente no se debe menospreciar lo que se puede conseguir ahora con la tecnología de efectos especiales. Tampoco se puede negar que los efectos especiales, por más grandiosos que puedan llegar a ser, no reemplazan a una buena historia.

Esta vez la trama sigue a un nuevo grupo de personajes hundidos en lo más recóndito de lo cliché, desde una científica que acaba de desarrollar un aparato capaz de comunicarse y controlar a los kaijus, hasta una jovencita rebelde con un mejor compás moral que los adultos, un grupo eco-terrorista obsesionado con restaurar el «orden natural», y los extras militares que ni tienen nombre por más importantes que sean según el rango. Vera Farmiga interpreta a la Dra. Emma Russell, una mujer que se encierra en su trabajo científico para lidiar con la muerte de su hijo tras la aparición de Godzilla años atrás. Millie Bobby Brown es su hija Madison, y Kyle Chandler es Mark Russell, el papá, aunque ambos están separados desde la muerte del hijo. Ahí yace el drama familiar superficial que solamente sirve como distracción y buscar agregar seriedad a la historia.

La figura del villano humano (¿por qué estas películas necesitan un villano humano?) queda a cargo del siempre eficiente Charles Dance como Jonah Alan, un terrorista que quiere liberar a las bestias para que estas dominen el mundo y eviten que la humanidad siga destruyendo todo, y que planea controlarlos con el aparato inventado por la Dra. Russell denominado ORCA. Por supuesto, nada de esto tiene sentido alguno desde el primer momento que intentan explicar sus motivaciones en una escena donde incluyen una presentación especial en video, porque todos los villanos con intenciones apocalípticas siempre contratan a editores de video para que sus monólogos sean más contundentes. Cada vez que un personaje intenta explicar algo, ya sean los villanos o los héroes, hay un increíble descenso en actividad cerebral conjunta. En términos generales, la película es innegablemente un mejor espectáculo que el Godzilla de Roland Emmerich, pero lo personajes no están muy lejos de escapar de las fauces del monstruo usando las luces altas de algún automóvil.

Consideremos también al personaje de Ken Watanabe, el Dr. Serisawa, que existe únicamente para expresar frases concluyentes que deben ser inspiradoras o filosóficas, aunque al menos se trata de un actor veterano que parece tener un aura de sabiduría. Otra de las adiciones es la actriz china Ziyi Zhang, que solamente existe porque el guion requiere de un personaje con ascendencia oriental que deba hablar sobre los mitos y leyendas de su cultura para poder nombrar a uno de los monstruos, el Rey Ghidora. La actriz dijo en una entrevista que su personaje era bastante sustancial y creo que solamente se refería al hecho de que interpreta a dos científicas gemelas, algo que importa poco o nada puesto que una de las hermanas solo aparece brevemente y no tiene el más mínimo indicio de desarrollo.

Pero seamos honestos y directos: desde el mismo título de la película ya se adelanta el plato principal. Este es el evento cinematográfico que une a los más grandes kaijus del cine en una épica colisión nunca antes vista en Occidente. Dougherty abandona la sutileza de Edwards y libera toda la librería de Toho con Mothra, Rodan, el Rey Ghidora, y más. Diecisiete, en total, según comunica el Dr. Serisawa, pero nunca vemos a todos, salvo pequeños materiales de video de todas las instalaciones secretas de Monarch en todo el mundo. Realmente no había ninguna necesidad de adelantar a todos, ya que con solo tener a uno o dos monstruos más podrían haber hecho una película más contenida y grandiosa. Hasta el film original de Mothra vs Godzilla funcionaba mejor porque Mothra ya había tenido su propia presentación unos años antes.

Con todo y las tormentas de arena y polvo que ocultan a los monstruos gran parte del tiempo, la película sigue siendo vistosa. La fotografía es imponente en varias ocasiones y la banda sonora de Bear McCreary recupera el clásico tema de Gojira de Akira Ifukube, dándole un toque moderno altisonante pero efectivo. Tampoco se puede ignorar el hecho de que realmente se trata de un evento único y que ver a estos colosos juntos después de tanto tiempo es asombroso. Es solo que la película de Kong ya demostró que se puede hacer un cine de monstruos mayúsculo encuadrando la acción para que sea comprensible, dedicando el tiempo justo también a los protagonistas humanos, pero sin recurrir a algún drama familiar barato para que tengan un poco de relevancia. Espero que la siguiente pelea sea más digna del título, porque Godzills vs Kong seguramente venderá una gran cantidad de tickets.

Acerca de Emmanuel Báez 2651 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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