‘Ema’, una provocadora odisea de autodescubrimiento y libertad

Esta película está disponible en MUBI, plataforma de cine independiente y de autor que presenta una selección especial de trabajos que no se encuentran en otras plataformas de streaming más populares. 

Una de las principales características del cine de Pablo Larraín es que no tiene miedo de proponer preguntas difíciles, a veces dejando al espectador sin una respuesta clara, invitando a debates complejos como los límites de lo que está bien y lo que está mal, y cómo enfrentar a la muerte de forma digna y respetuosa. Con su nueva película, Ema, se atreve a encarar el tema del autodescubrimiento desde una perspectiva todavía más peculiar, el de una chica que debe lidiar con las consecuencias de una adopción que casi termina en tragedia y un matrimonio disfuncional que no hace más que frenar la búsqueda personal que está emprendiendo.

En el rol titular está Mariana Di Girolamo, un rostro relativamente nuevo en el cine chileno, e instantáneamente uno de los más prometedores. La figura de Ema es una de las más exquisitas e intrigantes que se vio en el cine latino en un buen tiempo y solamente describiéndola a ella, sin siquiera enfocarme todavía en la película, me resulta altamente gratificante. Ema es problemática y enigmática en igual medida. En el medio, hay todo un espectro de detalles que hacen que sea imposible sacarle los ojos de encima. Es provocadora y seductora, parte de eso tiene que ver con la mirada penetrante con la que investiga sin abrir la boca, y otra parte tiene que ver con el cuerpo que ostenta como bailarina profesional, y que aprovecha para engatusar a quien se le cruce en el camino.

Engatusar es la palabra que uso adrede con doble intención porque Ema tiene un plan que pondrá en marcha con ayuda de sus amigas, y a través del cual buscará remediar un error de su pasado reciente, que tiene que ver con un niño que adoptó con Gastón (un certero Gael García Bernal). Cuando la historia de la película inicia, el guion firmado por Larraín, Guillermo Calderón y Alejandro Moreno solo la presenta preguntando por el niño, pero la respuesta que recibe invita a que el espectador incline la balanza en contra de Ema, tanto por su actitud como por la negativa que obtiene de la trabajadora social. Eso sería sencillo, pero la inteligencia y la agudeza del relato se va cargando de particularidades que dificultan el juicio, incitando así a un análisis que vaya más allá de lo correcto o incorrecto.

Por un lado está la cuestión del matrimonio que tiene con Gastón, que claramente se describiría como tóxico según estándares actuales, pero que no se detiene ante esa consideración, exponiendo a ambas partes como seres humanos débiles e imperfectos en un momento de sus vidas donde vienen arrastrando malas decisiones. Este amor/obsesión que hay entre los dos se desarrolla a lo largo de varias discusiones donde ambos bandos se disparan insultos y halagos hirientes. Gastón le culpa a ella de arruinar la adopción por sus problemas de actitud e influencia, y Ema lo culpa a él por su indiferencia, conectando sus problemas de carácter con su esterilidad. En esencia, no hay bueno ni malo, pero la película mantiene su enfoque en Ema, resaltando así sus motivaciones y justificando sus mañas.

Por otro lado está la importancia de la música. Ema es bailarina de reguetón, estilo que disfruta más con sus amigas cuando no está subyugada por Gastón, que es director de la compañía de danza donde ambos se desempeñan, pero con otros estilos musicales más controlados. El reguetón es así sinónimo de libertad y, a veces, de libertinaje, pero siempre dentro de lo moralmente aceptable. La banda sonora de Nicolas Jaar acompaña unas secuencias poderosas en las que Ema se abre por completo a lo que sea necesario para conseguir su cometido, desde sexo desenfrenado hasta acciones criminales de baja calaña, aunque principalmente el baile es señal de catarsis.

Ema es un vigoroso relato de empoderamiento y liberación, tanto física como mental, con un cuidado de los signos que doblega desde el principio (un primer plano largo de un semáforo incendiándose indica mucho sobre la personalidad de la protagonista). Es acerca de poder tomar decisiones propias, por más que estas estén erradas o tengan alguna consecuencia reprochable, pues en la mirada de la protagonista está la intención de hacer las cosas de una mejor manera, por más que sus acciones puedan no ser del todo convincentes. Propone argumentos complicados sobre la felicidad y el amor, y exige una atención sin prejuicios, ofreciendo a cambio una experiencia que merece ser vivida con detenimiento y que llega a ser intoxicante.

Acerca de Emmanuel Báez 2705 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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