‘El Vicepresidente’, Adam McKay sigue entreteniendo con sus revisiones históricas

Supongo que Adam McKay está trabajando en una antología de películas equivalentes a los libros «para dummies». The Big Short se enfoca en la crisis financiera de finales de la década de los 2000, contada con energía y un montaje videoclipero juvenil para tratar de educar al espectador promedio que no está muy metido en estas cuestiones y que de otra forma no estaría interesado. Vice es la versión para dummies de la historia de Dick Cheney, ex-vicepresidente de los EE.UU. durante el mandato de George W. Bush, y su influencia en las decisiones políticas posteriores al atentado del 11 de septiembre del 2001. Es una historia fascinante contada con algo de humor, aunque el tema es mucho más delicado porque tiene que ver con eventos de impacto global que siguen afectando a los países involucrados hasta estos días.

Debido a la naturaleza activa de la situación, y la delicadeza extrema de la misma, se hace un poco incómodo estar viendo una película que encara esos temas con humor negro y autorreferencial. Creo que por eso el estilo funciona mucho mejor con The Big Short, aunque no por eso se deja de apreciar el ingenio de hablar de temas políticos enrevesados de una forma amena y abierta. Seguramente los expertos en política hablarán de reduccionismo, pero creo que la intención de McKay es loable, independientemente del resultado. Los problemas en esta película son más bien a base de guion, ya que sigue un camino típico de biopics, perdiendo el tiempo con los orígenes de Cheney, lo que tiene muy poca incidencia en la segunda mitad de la historia a nivel cinematográfico.

Cuando la estructura no funciona, Christian Bale arremete con una transformación sobresaliente, como ya nos tiene acostumbrados, aunque esta vez hay ayuda de un equipo de maquillaje que le da el toque extra. Su caracterización es moderada y reflexiva, muy acorde a la persona real, que trabajó aprovechando la sombra que generaba la figuraba del presidente, tomando decisiones que generalmente están fuera de la liga de la posición que había tomado. Interpretativamente funciona muy bien porque carece de momentos forzados y evoca con habilidad un aura de misterio que rodea al personaje durante toda su historia. Eso tiene que ver también un poco con el hecho de que la película cumple mostrando qué pasó, pero hay poco o nada acerca del «por qué», aunque la simplificación del tema hace alusión a un deseo de poder que se siente básico.

De cualquier manera, el montaje dinámico que juega mucho con la música mantiene el ritmo balanceado en su propia irreverencia. Además, como si de un trabajo estudiantil se tratara, hay apoyo audiovisual insólito que le agrega sustancia al contexto de la situación política en cada época, especialmente cuando la película llega a los eventos del 11 de septiembre. Textos grandes en la pantalla y un narrador presente (con voz y cuerpo de Jesse Plemons interpretando a un ciudadano equis) terminan por darle ese toque humorístico, aunque McKay va a un extremo hilarante y desubicado con un final falso a mitad de la película, con créditos que empiezan a subir por la pantalla hasta que se interrumpe con la llamada telefónica que recibió Cheney para entrevistarse con Bush. No aporta absolutamente nada a la película que sea relevante para la trama, pero es algo bastante peculiar.

El resto del elenco también hace lo suyo como para no pensar tanto en las falencias estructurales del guion. Amy Adams está fantástica como Lynne Cheney, y su personaje es mucho más interesante que el de Dick durante la primera media hora, mostrando su relación de pareja y todo lo que tuvo que soportar del político en su juventud, cuando no tenía un futuro esperanzador. Steve Carell es Donald Rumsfeld, que se convirtió en el mentor de Dick cuando ingresó a la política, y que actoralmente está muy bien ubicado, alejándose de su estilo cómico, pero aprovechando igualmente su destreza con los tiempos del humor en favor de una trama que así lo requiere. Finalmente, Sam Rockwell como George W. Bush está estupendo haciendo su propia versión del controvertido político, evocando un aire de ineptitud que podría ser parte de un sketch, pero que Rockwell entrega con convicción.

Es innegable que la vida de Cheney esconde mucho más, y que la película realmente no profundiza lo suficiente, pero creo que la intención es justamente funcionar como una introducción aguda y me resulta muy interesante porque este tipo de historias siempre quedan encerrados en el drama. Tal vez otra película encare los aspectos más delicados con la debida seriedad y responda las preguntas que acá uno se hace pero que McKay jamás pone en la mesa. Esa posibilidad me genera interés. Mientras tanto, Dick Cheney para dummies es entretenida y competente tanto como biopic y como producto cinematográfico.

Acerca de Emmanuel Báez 2651 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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