‘El Niño que Domó el Viento’, drama inspirador para tiempos desesperados

Una de las escenas más interesantes en este excepcional biopic ocurre cuando un grupo de muchachos se están preparando para escuchar un partido de fútbol. Al encender la radio, lo primero que captan es un programa de noticias donde el locutor está relatando los hechos ocurridos ese mismo día, el 11 de septiembre del 2001. Rápidamente cambian de emisora buscando llegar a una que esté comentando el partido de fútbol y se ponen a festejar cuando lo encuentran. Es la forma en que la película dice que hay un mundo ahí afuera, y que mientras en un país poderoso de occidente puede estar ocurriendo una crisis de grandes proporciones, en otro lado puede estar pasando algo diferente, pero no menos válido de conocer. Como en la mayoría de las películas biográficas, esta probablemente sea una de las situaciones inventadas para darle contexto a la historia, pero es un detalle bien pensado que añade peso a ese contexto.

No es para nada una escena aleatoria, ya que ninguno de los chicos estaría escuchando la radio de no ser por el ingenio del joven William Kamkwamba (Maxwell Simba) que hizo algo tan sencillo como unir varias baterías usadas para reciclar un poco de energía y poder hacer funcionar la radio. Es un acto anecdótico en cualquier otra parte del mundo, pero esto es Malaui, uno de los países más poblados y menos desarrollados de África, donde gran parte de la población subsiste gracias a la Agricultura y donde la educación es básica hasta en el último año de estudios secundarios. En el pequeño distrito donde vive William y su familia, algo como arreglar una radio vieja es algo digno de admirar y muestra mucho acerca de la aspiración del chico, a quien todos acuden para arreglar pequeños aparatos que no están funcionando, algo que alimenta su anhelo por aprender más.

Esta es la base de El Niño que Domó el Viento, el debut como guionista y director de Chiwetel Ejiofor, que se reserva también el papel de Trywell Kamkwamba, padre de William, y un habilidoso agricultor. Ejiofor adapta la novela homónima escrita por el propio William, y triunfa donde la mayoría de los biopics no lo hacen, prestando atención a los detalles y trabajando en el entorno como parte importante de la historia. En este caso, hay una gran atención a la cultura de Malaui y los aspectos más importantes de la sociedad, la política, y la economía. No solamente seguimos a William mientras descubre sobre la energía eólica, sino también cómo atraviesa su familia los bruscos cambios que se vienen, tanto los de la naturaleza como las consecuencias de la desidia política, y así también los dilemas familiares que se generan.

El realizador se toma su tiempo, enfocándose en la dinámica familiar porque todos tienen su importancia en las ambiciones de William. Simba retrata con convicción a un joven con muchas ganas de adquirir más conocimientos, pero que al mismo tiempo admira profundamente a su padre por todo el trabajo que hace. Por su parte, Trywell es un padre orgulloso y protector, pero encadenado a la tradición y la ignorancia, lo que choca con las aspiraciones más modernas de su hijo. Su madre, Agnes (interpretada por Aïssa Maïga) es sacrificada y comprometida, con una visión moderna y realista de las cosas. Ella desea que su hija mayor, Annie (interpretada por Lily Banda) vaya a la Universidad, pero el futuro económico de la familia no es esperanzador, por lo que solamente se concentran en pagar los estudios secundarios de William, lo que termina antes de empezar. Annie, así como su hermano pequeño, también está deseosa de seguir sus estudios, pero el paso del tiempo aleja esa posibilidad, lo que la lleva a la frustración.

El drama se acrecienta con la llegada de la sequía extrema, lo que deja a Trywell con el hecho de que no sabe hacer otra cosa para trabajar por su familia. El enojo lo vuelve ciego y sordo, rechazando la idea de su hijo de construir un molino de viento, lo que podría salvar a su familia y al pueblo entero. Eventualmente, el muro entre ambos se derrumba, llevando al emotivo y esperanzador final de la historia (que en realidad fue solo el principio para la carrera y estudios de William), pero no sin antes haber atravesado por una crisis desgarradora. La sequía provocó una hambruna que llevó a la desesperación a muchas personas. Los números de muerte por inanición, robos, y asesinatos subieron considerablemente. Ejiofor encara estos eventos con delicadeza y respeto, sin caer en el melodrama ni desviar el relato de su protagonista, contando todo siempre a través de sus ojos.

El Niño que Domó el Viento es un drama inspirador que también sirve como un cuento con múltiples moralejas. Sus temas ambientales y corporativos son muy importantes sin ser intrusivos en la trama principal, lo que la convierte en una de las películas más relevantes para ver ahora mismo. También invita sin buscarlo a apreciarla desde una perspectiva diferente ya que es necesario adecuarse al contexto para entender realmente la problemática que atraviesan, y por la forma en la que el director presenta el drama, es difícil no dejarse llevar. Es también un gran ejemplo de cómo construir un biopic, alejándose bastante de las fórmulas tradicionales de Hollywood, aunque ese final típico de drama inspirador se lo tiene bien ganado.

Acerca de Emmanuel Báez 2651 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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