‘El Mapa de los Instantes Perfectos’ es otra aventura de bucle temporal para pasar el rato

Otro año, otra película con protagonistas atrapados en un bucle temporal, solo que esta vez son dos adolescentes que tienen típicos problemas de adolescentes… aunque no tanto. El Mapa de los Instantes Perfectos funciona como la mayoría de las películas del tipo young-adult, cuyo género principal casi siempre termina siendo el romance: hay que suspender la incredulidad al tener actores que rondan por los 25 años interpretando adolescentes de menos de 20. Es por eso que películas como Palm Springs o Groundhog Day funcionan de maravillas, porque apuntan a la verosimilitud desde la misma base.

Esta película dirigida por Ian Samuels y escrita por Lev Grossman (basándose en un cuento propio) tiene como actores a Kathryn Newton y Kyle Allen, dos jóvenes apuestos, talentosos, y que comparten una química natural. Es sumamente entretenido verlos porque el guion es divertido y se los ve gozando de una historia que aprovecha al máximo la energía actoral que emanan de forma orgánica. Aun con eso, es fácil distraerse por el hecho de que una historia de esta clase con personajes realmente adolescentes no sería tan interesante, a menos que establezcan de entrada que los personajes que quedan dentro de este loop son alguna clase de genios. Es uno de los problemas recurrentes del género, y que cada vez encuentro más repetitivo y cansino.

Eso es hasta irónico, teniendo en cuenta que la historia de la película tiene todo que ver con repeticiones y sentirse cansado de ver y hacer siempre lo mismo, pero al menos el guion es honesto y existe en un mundo donde películas como Edge of Tomorrow y el clásico de Bill Murray son una realidad (sigo sin entender por qué Andy Sanberg no menciona directamente esos títulos el explicarle a Cristin Milioti sobre la situación en la que se encuentran). Esa honestidad se extiende a la forma en la que el guion encara el bucle, con el personaje de Mark paseándose por la ciudad atendiendo a las cosas que le ocurren a las personas, disfrutando de las infinitas posibilidades que le ofrece su situación. Es probablemente la película sobre bucles temporales que muestra más lo que el protagonista realiza todos los días para tratar de cambiar su destino.

A pesar de la buena energía y la ingeniosa dirección -la película arranca con un estupendo plano secuencia que establece muy bien la rutina de Mark-, no hay nada demasiado novedoso como para que se destaque. Dicha rutina de Mark se ve interrumpida cuando otra adolescente aparece aparece y revela que también está atrapada en la misma anomalía temporal. Desde ahí, es un romance adolescente más en el que el chico intenta conquistar a la chica aprovechándose de ciertas ventajas que tiene, lo que en este caso significa básicamente modificar el mundo a su voluntad como para enamorarla. Sin embargo, Margaret mantiene su distancia y prefiere dejar la relación en amistad para evitar daños emocionales irreparables. Si no fuera por la conexión que comparten, la película sería mucho menos memorable.

Lo que le agrega algo más de peso a la historia es la teoría que comparten de que para salir del loop deben encontrar una serie incontable de «momentos perfectos» esparcidos por toda la ciudad, y con lo cual argumentan que el valor de la vida se encuentra en saber disfrutar del tiempo que se nos concede en esta existencia. La filosofía es bastante simple y su aspiración narrativa no tiene nada que ver con el meollo de estar viviendo el mismo día durante un tiempo aparentemente infinito, con todo lo que eso supone para la vida misma. Además, hay una inclinación hacia la fantasía que concluye que es el amor la respuesta final a todos los obstáculos que nos impiden avanzar. Eso está bien, pero la simpleza de la explicación le resta fuerza a la cinta y hace que la historia permanezca en ese terreno conformista del género.

Acerca de Emmanuel Báez 2754 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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