‘El Irlandés’, la épica de mafiosos de Scorsese es una obra maestra

La primera orden del día es dejar a un lado la razón principal por la cual ningún estudio grande quería apoyar la última película de Martin Scorsese: el elevado presupuesto que se requería para financiar, entre otras cosas, el trabajo de rejuvenecimiento digital necesario para que los actores puedan interpretarse a ellos mismos, pero con treinta años menos. El resultado es notablemente superior a todo lo que se vio hasta ahora en dicha área, aunque ninguna comparación sería completamente válida, ya que en ninguna otra película se recurrió a la técnica para un uso prolongado. La primera vez que vemos a Robert De Niro como Frank Sheeran cerca de sus cuarenta años, es un primer plano frontal que se da directamente después de un plano medio con el actor a sus setenta y algo años. La primera impresión es chocante, y el cerebro se percata de los pequeños detalles del rostro que marcan la diferencia, pero solo es cuestión de un minuto para que todo eso quede atrás, ya que la técnica es mayormente impecable y hay factores más importantes en juego, como disfrutar de los intercambios entre De Niro y Joe Pesci, que vuelve del retiro después de casi una década.

La épica de Scorsese, con guion firmado por Steven Zaillian (que a su vez adapta el libro I Heard You Paint Houses de Charles Brandt), se cuenta desde el punto de vista de Sheeran, que narra su propia historia sentado en una silla de ruedas en un asilo. Rompiendo la cuarta pared, Sheeran inicia la crónica que atraviesa varios tiempos, tomando como eje principal un viaje en automóvil a través de varios estados norteamericanos que tomó con su amigo Russell Buffalino unas décadas atrás, con el objetivo de asistir a la boda de la hija de Bill Buffalino, primo de Russell. «En este caso particular, todo giró en torno a una boda», comenta Sheeran, pero respetando el estereotipo del anciano cuentista, sigue regresando en el tiempo hasta el momento en que conoció a Russell, y como este lo introdujo al mundo de la mafia italiana, aprovechándose de sus habilidades adquiridas en la guerra y su personalidad servicial y leal. Para Sheeran, era un trabajo más, y su estropeado compás moral (o la ausencia de este) se siente en la misma narración, que en ningún momento juzga sus acciones de forma directa, sino que presenta los hechos según sus confesiones.

De Niro entrega una interpretación ligeramente amplia, aunque la naturaleza emocional de «El Irlandés» es fría y hermética, producto de su paso por la Segunda Guerra Mundial y las faenas que tuvo que llevar a cabo para sobrevivir y seguir adelante. Según sus propias palabras, Frank Sheeran no solamente peleó en el campo de batalla, sino que ejecutó prisioneros de guerra de forma furtiva (un breve flashback muestra al actor en una versión todavía más joven, y ahí el efecto digital es más notorio), y al regresar a Estados Unidos no tuvo reparo en poner sus habilidades más reprochables a disposición del mejor postor, que lo que le llevó a conseguir trabajo con Buffalino y, por extensión, con otros capos como Angelo Bruno (interpretado escueta pero eficazmente por Harvey Keitel). En el cenit de sus funciones como asesino de la mafia, De Niro está brillantemente contenido, pero en su edad más avanzada, se muestra vulnerable y confundido con respecto a sus acciones pasadas, aunque sus palabras jamás acompañan esa sensación.

Por su parte, Pesci, entrega una actuación encomiable. Actuó por última vez en la comedia Love Ranch en el 2010, pero entre ese título y sus dos trabajos previos ya hay doce años de distancia y no muchos minutos en pantalla que valgan la pena recordar. Según quien lo haya reportado, Scorsese y De Niro le pidieron entre cincuenta y cien veces que regrese al rodeo para esta película, pero el actor no estaba convencido hasta el último minuto. Ahora solo nos queda agradecer porque su trabajo como el jefe mafioso Russell Bufalino es uno de los más fascinantes de toda su carrera, distinto a la mayoría de los papeles que tomó en sus mejores épocas, incluyendo los de Goodfellas y Casino, que son las películas con las cuales esta más comparte alguno de sus temas y elementos. Entre los filmes de Scorsese y sus demás labores, Pesci interpretaba a personajes enérgicos y expresivos, pero su caracterización como Buffalino es más moderada, aunque no menos intimidante. No necesita vociferar ni intentar ser simpático (de hecho, acá pretende ser simpático, pero no le funciona, lo cual es doblemente genial), solo necesita mirar fijamente a su interlocutor para que este entienda lo que tiene que hacer, y su penetrante mirada es suficiente para que sea memorable.

La estructura que eligió Scorsese para relatar una vida como la de Sheeran es acertada -aunque nada novedosa para ser él- y el montaje de Thelma Schoonmaker, su colaboradora de siempre, es mayormente eficiente. Los constantes saltos temporales demandan atención, y el dinamismo entre escenas y actores funciona como un imán que hace imposible despegar los ojos y consigue que la narración sea mucho más fluida. Acompaña el hermoso y elegante diseño de producción de Bob Shaw y la fotografía de Rodrigo Prieto, que resalta las sombras con un doble propósito: establecer las reservas del submundo de la mafia y mitigar cualquier efecto negativo que podría tener el trabajo de rejuvenecimiento digital.

El director sabe perfectamente los peligros de contar una historia en tres horas y media, así que va sacando de la manga a tiempos perfectos algunos elementos ornamentales como textos en pantalla que presentan personajes secundarios, lo que enriquece el contexto político, social, y criminal de cada época que atraviesa. La narración del propio Sheeran con De Niro rompiendo la cuarta pared le agrega fuerza, y Scorsese no deja de condimentar la diégesis hasta los últimos minutos. En una conversación a plano y contraplano entre Sheeran y Buffalino durante la última media hora, De Niro rompe la cuarta pared con la mirada varias veces, pero es distinto a cuando está relatando su historia. Es una situación tensa en la que se ve sobrepasado y solicita ayuda y compasión por parte de la audiencia, que ya sabe exactamente lo que se viene.

Lo que va a ocurrir tiene relación con Jimmy Hoffa, uno de los sindicalistas más populares de su época, y que sigue siendo figura controversial hasta ahora debido a su desaparición en 1975. Acá cobra vida gracias a Al Pacino en uno de sus roles más grandiosos, recurriendo a su histrionismo ochentoso/noventoso pero dotándolo de una energía seductora y abordable. Es la razón por la cual la hija de Sheeran, Peggy, desarrolla con él un lazo especial, casi más familiar que con su propio padre. Aunque no hay ninguna clase de profundización en esta relación, es de gran relevancia ya que Peggy (interpretada por Lucy Gallina en su niñez y por Anna Paquin en su juventud y adultez) ofrece la única pauta moral de toda la película, y logra resquebrajar el mundo de su padre con una sola pregunta. Pacino, que jamás trabajó con Scorsese, se siente natural en la colaboración, como si se tratara de una reunión de viejos amigos, sensación que se extiende al resto del elenco principal.

La historia de «El Irlandés» es tan fascinante que constituye uno de esos casos donde la supuesta realidad es más atractiva que la ficción, pero Scorsese emplea sus mejores trucos para hacer que el relato sea todavía más entretenido e impactante de lo que uno podría dibujar en su cabeza leyendo acerca del caso. Si bien ninguno de los supuestos encargos de Sheeran pudieron ser corroborados, incluyendo la desaparición de Hoffa, Scorsese ofrece una mirada casi documental que sella una versión verosímil de la historia, y a la vez entrega una épica excepcional que merece múltiples visionados para apreciar por completo el trabajo de un realizador en su apogeo. Sirve tanto como una historia de mafiosos, como una mirada al legado de un hombre cuyas acciones tuvieron efectos más allá de su propia familia, e invita a la reflexión sobre los errores del pasado y como estos repercuten a través del tiempo.

Acerca de Emmanuel Báez 2668 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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