‘El Diablo a Todas Horas’ es un relato de maldad y corrupción que no adquiere fuerza por un guion débil

Es fácil caer rendido ante la belleza cinematográfica de El Diablo a Todas Horas, pero en el fondo hay un guion anémico que solo se sostiene a base de la fuerza actoral y otros aspectos cuidados con propósito y pulcritud. La película adapta la novela homónima de Donald Ray Pollock, que sigue a un grupo de personajes que convergen en una historia de corrupción, traición, y pura maldad, en un pueblo rural norteamericano después de la Segunda Guerra Mundial. El lúgubre relato expone la peor cara del ser humano aprovechándose de la religión y los traumas de la guerra, y argumenta que hasta la bondad e inocencia más pura terminan contaminadas por la violencia. La dirección es de Antonio Campos y el guion está firmado por él y por Paulo Campos, y genera en uno ganas de leerse la novela completa porque se siente que la exploración psicológica es quizás más profunda y detallada en papel.

La primera señal de que la adaptación no funciona del todo ya se puede percibir en los primeros diez minutos de la obra, con la introducción de ciertos personajes que ya tienen el destino sellado según el narrador (el propio Pollock), excusando el nulo desarrollo de los mismos, con la paradójica confianza de que sus breves apariciones tendrán algún impacto emocional a lo largo de la película. Contrario a lo esperado, me fue bastante difícil recordar rostros desvanecidos en la segunda hora, ya que el guion apenas da pinceladas secundarias y mayormente se concentra en unos pocos protagonistas, con la imagen central de Tom Holland como Arvin, un chico que sobrevivió a la maldad en primer persona, y creció siendo benévolo pero cauteloso. La caracterización de Holland es intensa y se aleja grandiosamente de su figura «Marvelística» con un trabajo opuesto en todo sentido, con lo cual demuestra lo que ya había anunciado con The Impossible, prometiendo una carrera más que fructífera.

Los demás jugadores más relevantes son Carl (Jason Clarke), un asesino serial y Sandy (Riley Keough), su novia, quien se presta para ser usada como carnada para recoger autoestopistas ingenuos; Sebastian Stan como un alguacil corrupto, hermano de Sandy, que solo se interesa en que ella no le genere problemas a sus intenciones políticas; un joven predicador que se ufana de su posición clerical, interpretado por Robert Pattinson con un nerviosismo histriónico congruente con su fachada, y; Willard (Bill Skarsgård), padre de Arvin, que quedó traumado durante la Guerra tras ver a uno de sus compañeros crucificado en el campo de batalla. También aparecen (pero desaparecen sin lograr un impacto duradero) Haley Bennett, Mia Wasikowska, Eliza Scanlen, Harry Melling, y Kristin Griffith, y no es coincidencia que sean casi todas mujeres, ya que ni una sola tiene un rol importante y casi todas terminan su tiempo en la trama sin muchas huellas.

Técnicamente, la película es impecable. La fotografía de Lol Crawley ayuda a establecer el tono con colores lavados, fríos, y sucios, contagiando el efecto desmoralizador de la premisa. La dirección de Campos es acertada y precisa, aunque la búsqueda parece inspirarse en la filmografía de los Hermanos Coen, quienes dominan la ironía y el humor negro. Acá el guion ostenta simple malicia, y no hay una mirada sardónica de los eventos, lo que le resta emoción, y tampoco le ayuda la misoginia gratuita. Sí, hay justificación en la maldad que sufren las mujeres, que mayormente tiene que ver con la religión, pero la falta de matices no hacen que sea una crítica social, sino un simple retrato de los hechos, sin profundidad. Al final no es más que la historia de un muchacho que recurre a la violencia por ser la única solución que aprendió de su padre y su entorno, y en ese sentido es una película efectiva.

La mención de los Coen no es en vano, ya que Donald Ray Pollock es comparado con Cormac McCarthy, escritor de No Country for Old Men, otro relato cuyas temáticas se pasean entre el bien y el mal contenidos dentro del hombre. Ahí es donde los Coen se consagraron como autores, más que directores, y siento que los Campo apuntaron a conseguir un resultado similar, pero con mayor énfasis en las consecuencias de la crueldad y la inmoralidad. Aunque fallan en ese cometido, la película entrega unas actuaciones notables, que no creo que lleguen a sonar en épocas de premiaciones, pero sin duda alguna servirán como ejemplos dignos en la cartera de los involucrados, en especial Pattinson y Holland.

Acerca de Emmanuel Báez 2709 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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