‘Dumbo’ vuela con gracia en una película sin magia

La última vez que Tim Burton y Disney colaboraron tuvimos la sobrecargada Alicia en el País de las Maravillas con Johnny Depp en su estado más insoportable. Sin embargo, la película hizo poco más de mil millones de dólares en todo el mundo, así que una reunión era cuestión de tiempo. Aun así, el gigante del ratón habrá tomado unas notas con respecto a los últimos trabajos del director y le dieron una nueva materia con permisos limitados. Así es como Dumbo es una de las películas más convencionales de Burton, y si no fuera por el casting, sería difícil encontrar su huella en una obra que, irónicamente, podría haberse beneficiado de su particular estilo que lo convirtió en uno de los directores más renombrados de Hollywood. Este nuevo remake de Disney carece por completo de la magia y la singularidad del clásico animado de 1941, lo que tendría que haber sido pan comido tratándose de la historia de un elefante que puede volar.

El problema principal está en que la historia pasa de ser acerca de Dumbo a un grupo de humanos que jamás resultan interesantes. Dos niños, Milly (Nico Parker) y Joe (Finley Hobbins) viven en un circo liderado por Max Medici (Danny DeVito), esperando el regreso de su padre tras la muerte de su madre, quien era la estrella del show. A su retorno, Holt (Colin Farrell) debe enfrentar los cambios en el circo, ahora que ya no forma parte del evento principal y sus habilidades como jinete parecen haber quedado atrás ya que perdió un brazo en la guerra. Además, no sabe escuchar a sus dos hijos, en especial a Milly, que es una niña deseosa de aprender más sobre ciencias, sin ganas de formar parte de ningún número especial. Para honrar la vieja amistad, Max le asigna el cuidado de un peculiar elefante que acaba de nacer y que va a convertirse en la gran atracción cuando descubran que puede volar usando como alas sus enormes orejas.

La mayor parte del drama recae en los dos hermanos, que son actores primerizos y no conjugan dos emociones en toda la película, ni siquiera cuando descubren accidentalmente que Dumbo es capaz de volar. Un suceso que tendría que ser asombroso resulta casi mundano a los ojos de estos dos niños, y no creo que la culpa sea de ellos, sino la incapacidad de Burton de dirigirlos adecuadamente. Burton parece estar con las manos atadas por Disney y deja a sus actores en modo automático, aunque en este caso también la culpa es compartida. El guion, firmado por Ehren Kruger (quien escribió las películas de Transformers y, más recientemente, el inerte remake de Ghost in the Shell), no agrega una pizca de profundidad a sus personajes, que tienen una presencia casi anecdótica, con la excepción de Eva Green que deslumbra cuando entra en cada escena, aunque la nueva musa del director está siendo gastada al igual que Depp en su momento.

Farrell está bien, aunque su personaje es uno más del montón que no tiene un arco sustancial. Al llegar de la guerra, él quiere a sus hijos pero no sabe cómo conectarse bien con ellos. La guerra realmente no lo cambió, no demuestra signos de trauma de ninguna clase, sino solamente un problema de comunicación que no se siente nada inusual. Al terminar la película, sigue queriendo a sus hijos, y simplemente aprendió a escucharlos y eso es todo. La historia ofrece un mensaje positivo sobre la discapacidad, ya que él jamás duda de sí mismo a pesar de no tener un brazo y acepta sus tareas sin vacilar, lo que se aplaude porque el guion tampoco se recuesta en ningún momento en su diferencia sino que el personaje convive con ello con aceptación propia, y eso se extiende al propio Dumbo y sus enormes orejas, que son motivos de burla al principio pero luego revelan del animal su lado más especial.

La creación CGI es sumamente adorable y es el único elemento digno de rescate de la película. Dumbo ciertamente vuela y conquista con sus grandes orejas y sus ojos azules que provocan ternura. Su diseño se balancea perfectamente entre el realismo y la animación con pequeñas muecas que parecen dibujar sonrisas y una mirada que transmite mucho más de lo que los humanos en toda la trama. Sí, es una película familiar sin muchas pretensiones, pero también lo es la original de 1941 y esa película tiene toda una secuencia psicodélica donde Dumbo toma un poco de alcohol y empieza a ver un show de elefantes rosados (que es donde Burton realmente podría haber dejado su firma), además de la cantidad de maltrato que tiene un mayor efecto en el pequeño elefante y su posterior aventura. La nueva versión mete algo de mensaje acerca del abuso a los animales, pero lo hace recién al final, sin haber ganado el derecho a esa moraleja.

Ni siquiera aprovecharon a Michael Keaton como el empresario V. A. Vandevere, que sí tiene animales encadenados en su parque de atracciones, pero el mismo es una tremenda caricatura a quien no se le puede tomar en serio ni antes ni después de revelar sus obvias intenciones ulteriores. La película dura casi dos horas, cuarenta minutos más que la original, pero el montaje ayuda a que no se resienta a pesar de lo blanda y mediocre que es, lo que decepciona teniendo en cuenta su potencial. No estoy nada en contra de los remakes live-action que Disney está cocinando cada año, buscando recuperar los clásicos para una nueva generación, y creo que la película puede llegar a funcionar bien con los pequeños que se divertirán fácilmente con el encanto de Dumbo, pero al final creo que recordarán solamente al elefante y sus elegantes vuelos. El resto de la película jamás logra despegar.

Acerca de Emmanuel Báez 2642 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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