‘Detective Pikachu’ entrega una sobrecarga de diversión

Viendo Detective Pikachu con una audiencia compuesta mayormente por jóvenes adultos que claramente crecieron con los videojuegos y las series de Pokémon, se hizo evidente que se trata de una película pensada para este grupo en específico, aunque si alguna vez vieron Who Framed Roger Rabbit? o si simplemente tienen ganas de una sencilla aventura con un nivel de ternura sobrecargado, tal vez encuentren algo en el producto final que les llame la atención.

En mi caso personal, el conocimiento que tengo de la franquicia se resume a unos diez o veinte episodios de la serie original y poco o nada de los videojuegos, pero por pasar más de una hora al día en internet ya tengo una clara idea de qué se trata este mundo y su mitología. Específicamente, Detective Pikachu toma su nombre de un videojuego lanzado en el 2016, y que ya suponía una especie de spin-off del material original.

En esta adaptación, Ryan Reynolds presta su voz para el personaje titular, un Pikachu que despierta sin memoria y con una sola pista: el nombre de Harry Goodman en un gorro y la dirección de su departamento. Mientras tanto, en otra ciudad, un joven solitario de nombre Tim Goodman (Justice Smith) recibe la noticia de que su padre falleció en un accidente automovilístico, aunque la noticia solo refuerza el rencor que lleva dentro, ya que su padre se fue cuando era chico y ya no tuvieron una relación de padre e hijo. Ambos se encuentran en el departamento de Harry, pero encontrar un Pokemon no es nada inusual en Ryme City, donde los humanos y pokemones viven juntos en armonía. Lo que sí es curioso es que Tim puede entender al Pikachu, algo que es imposible para todos los demás.

La película está dirigida por Rob Letterman, que hizo la divertida Goosebumps del 2015 y otras películas infantiles como Monsters vs Aliens y Shark Tale, así que está claro que se trata de un título bastante directo en su intención y sin mayores pretensiones. Sin embargo, como suele suceder con películas de esta clase, cuenta con un guion repleto de diálogos con doble sentido, aunque es fácil asumir que mucho de eso tiene que ver con el gran dote cómico de Ryan Reynolds y su capacidad para improvisar, lo que ya vimos anteriormente en Deadpool. Estoy seguro de que debe haber una buena cantidad de grabaciones no usadas que podrían formar una versión para adultos de esta película.

Aparte de eso, la trama tiene la profundidad esperada para la clase de película que es. Tim y Pikachu empiezan a encontrarse con personas que aportan de forma directa e indirecta a la investigación, como el jefe de policía de la ciudad, interpretado por Ken Watanabe, además de Lucy (Kathryn Newton), una reportera junior que trabaja para la cadena televisiva más grande de la ciudad y ya estaba un paso adelante de ellos en la investigación, que parece apuntar de una u otra forma al dueño de la cadena y principal benefactor de los eventos pokemon más importantes, el filántropo Howard Clifford (Bill Nighy). El mismo se pasa pregonando acerca de la relevancia de una buena relación entre pokemones y humanos en esta ciudad, alejada de la tradición de atraparlos y mantenerlos encerrados como en otros lugares del mundo. Se podría decir que hay un mensaje sobre el maltrato animal, pero la película realmente no profundiza en absoluto.

Todo el atractivo está en lo visual, y la representación CGI de los pokemones cumple su objetivo, manteniendo el diseño original de los mismos, sin buscar ese realismo postmodernista de otras adaptaciones que algunos estudios creen que es necesario a la hora de adaptar caricaturas o videojuegos exitosos. Los pokemones no tienen una presencia completamente realista, pero la interacción es lo que los hace verosímiles (ahí es donde termina mi referencia al clásico híbrido de Robert Zemeckis), además que se acompaña con una fotografía neo-noir y un diseño de producción inspirado en Blade Runner, además de una banda sonora entre clásica y techno firmada por Henry Jackman, que puntualiza la estética futurista de los escenarios.

La voz de Ryan Reynolds le agrega ese humor meta que se queda a unos grados de saltar la cuarta pared, y al otorgarle a la película esa sensación de consciencia propia, es difícil preocuparse por la simpleza del guion. Por un lado, creo que el concepto se podría haber aprovechado para una película mucho más noir y no tan infantil, o al menos podrían haber trabajado mejor el guion para que no sea tan básico y fácil de deducir. Por otro lado, no voy a ser un cínico y pretender que no me reí en numerosas ocasiones y con muchas ganas, aunque eso lo atribuyo enteramente a la actuación de Reynolds. Al principio creía que el casting iba a sacarme por completo de la película, pero después de verla, no creo que hubiese funcionado con un actor que no fuera capaz de transmitir tanta simpatía como él.

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Acerca de Emmanuel Báez 2648 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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