‘Dark Pheonix’, la tenue llama final de la saga X-Men

Ya se burló Deadpool de este tema: las líneas de tiempo de las películas de X-Men apenas tienen sentido. Es probablemente el metachiste más apropiado en la historia de las películas de superhéroes y comics, y se vuelve a aplicar a Dark Phoenix, la despedida de los X-Men por parte de Fox después de casi dos décadas de altibajos. La única forma de encontrarle el sentido y el disfrute a esta película es concentrándose solo en este producto, ya que la película olvida por completo que Jean Grey ya liberó su poder en X-Men: Apocalypse o que Quicksilver y Magneto quedaron con un tema de consanguinidad pendiente, entre otras cosas. Si sienten un impulso en preguntarse qué pasó con tal escena en tal película, lo mejor será enterrarlo.

Con esa condición, Dark Phoenix es una película pasatista que entretiene al mismo tiempo que resulta insustancial. Está ejecutada con eficacia pero no deja de sentirse como que llegó diez años tarde, palideciendo ante la mayoría de títulos de superhéroes de los últimos años, aunque es kilométricamente superior a X-Men: Apocalypse, de la cual siente vergüenza, ignorándola por completo. La mayoría de los críticos la están apedreando sin piedad, pero creo que mucho tiene que ver con la carga que trae, exponiendo uno de los principales problemas de las franquicias y los estudios que poco o nada saben qué hacer con las tendencias comerciales. De no ser por los puntos bajos de la saga y, si además, evitamos la idea de que la última entrega de una franquicia tiene que ser necesariamente más grande y espectacular, el recibimiento general sería diferente.

Lo cierto es que Simon Kinberg tenía mucho en contra, y aun así hizo una película decente que tiene algunos momentos inspirados esparcidos a lo largo de la trama, la cual sigue al equipo X-Men después de una misión de rescate espacial que concluye con Jean Grey siendo atravesada por una fulguración solar que libera al máximo su potencial, como supuestamente nunca había ocurrido (lo que no es cierto porque sabemos que derrotó a Apocalypse, que había sido presentado como el ser más poderoso de todo el cosmos, o algo por el estilo). Esto libera los muros mentales que Xavier había creado para que ella olvidara que había sido la causante de la muerte de sus padres, lo que obviamente la lleva a tener una descarga de emociones que la controlan, causando toda clase de daños.

Kinberg está ligado a la saga X-Men casi desde sus inicios. Escribió el guion de The Last Stand, que también se centró en el personaje de Dark Phoenix, y no solamente estuvo como productor de las últimas películas principales, sino también de Logan, Deadpool, y las series Legion y The Gifted, así que creo que es seguro decir que tiene un cariño especial por los materiales originales. En su debut como director, aplicó bien algo de lo aprendido en el camino, como darle más tiempo a sus personajes y establecer las secuencias de acción como para que complementen a su desarrollo. Si bien no tienen el mejor progreso, y dos de las tres secuencias grandes de acción de la película son muy similares, hay un peso emocional que hace que se sientan más importantes de lo que realmente se ven.

Ahí entra el genial elenco, aunque en esta ocasión algunos parece que actúan por contrato y no por interés. Sin embargo, el guion de Kinberg forma una historia mayormente centrada en la Jean Grey de Sophie Turner, que debe lidiar con la revelación de su pasado, así como a una alienígena que ocupa el cuerpo de Jessica Chastain, que intenta convencerla de usar sus poderes para su pueblo con obvias intenciones ulteriores. Con la ausencia de Wolverine y la salida temprana de Jennifer Lawrence durante el primer acto de la película, el guion está liderado mayormente por estas dos mujeres, mientras que el resto del equipo queda relegado a tener parlamentos solo para mover la trama para adelante o a demostrar de forma ingeniosa sus poderes.

Hay una secuencia de acción extendida que se lleva a cabo en un tren, y es uno de los momentos más geniales de la saga porque todos los mutantes colaboran y realmente supieron aprovechar al máximo sus habilidades para que cada uno pueda brillar. También se nota que empujaron la calificación PG-13 a su límite ya que la película es mucho más violenta de lo que suelen ser este tipo de títulos, aunque obviamente con mínimos rastros de sangre, lo que la hace menos chocante. Ahí se ve que Kinberg como director tiene potencial, pero tal vez la próxima deba trabajar con el guion de alguien más.

Durante uno de los enfrentamientos, Magneto le dice a Charles que «él siempre lo lamenta, y que siempre hay un discurso, pero que ya a nadie le interesa», y aunque no era lógicamente la intención, trae consigo un aire de ironía puesto que encapsula perfectamente el efecto que tiene esta película sobre el resto de la saga. Michael Fassbender y James McAvoy son de los pocos que realmente logran convencer, aunque ya no tienen la misma energía que ostentaban durante First Class y Days of Future Past, y los demás miembros jamás tuvieron el desarrollo suficiente como para que importe lo que les ocurra.

El elemento humano está presente, y eso hace llevadera la trama, aunque no hay profundización alguna en los elementos sociales que trajeron a la mesa para este desenlace. Lo que solía ser acerca de temas profundos y socialmente relevantes como la discriminación o la indiferencia familiar termina siendo un show parafernálico genérico. Un lindo show, vale aclarar, bien dirigido y coreografiado, que no se queda en el fondo porque ofrece una perspectiva diferente a la historia ya conocida, pero que obviamente desaprovecha su potencial.

Acerca de Emmanuel Báez 2653 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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