‘5 Sangres’, Spike Lee despotrica contra la guerra y el racismo en una contundente obra maestra

«La guerra es por Dinero. El Dinero es por la guerra. Cada vez que salgo de mi casa, veo policías como si fuera una redada policial. Siento lo poco que valgo».

Stormin’ Norman

Spike Lee está harto de las porquerías del mundo y está usando el cine para transmitir esa rabia de una forma contundente, contando historias que critican principalmente el sistema que perpetúa el racismo en todas sus facetas. En 5 Sangres relata la odisea de cuatro amigos veteranos de la Guerra de Vietnam que regresan al país adonde fueron enviados cuando eran jóvenes, con el objetivo de recuperar un baúl repleto de oro y los restos del líder del grupo, un soldado llamado Stormin Norman (Chadwick Boseman). Este viaje inevitablemente avivará los demonios del pasado y hará que se enfrenten tanto de forma literal como figurada por todo lo que hicieron peleando una guerra injusta.

La diferencia entre esta película y las que Lee ya hizo en el pasado criticando la discriminación racial, es que aprovecha para insertar imágenes reales de personas relevantes en la historia afroamericana, además de material fotográfico de la Guerra de Vietnam y sus detractores, como Muhammad Ali y Martin Luther King. Ya había hecho algo similar al final de BlacKkKlansman, saltando en el tiempo y mostrando un video real de la muerte de una mujer durante una protesta en 2017, pero en esta ocasión gira la perilla al máximo y hace inserts constantemente, llegando al punto de mostrar una fotografía real de un bebé muerto durante ataques norteamericanos contra el Vietcong.

La primera discusión pasa a ser sobre la necesidad o no de interrumpir la trama con constantes imágenes de archivo, y creo que la película podría funcionar perfectamente sin dichas intervenciones. Sin embargo, también creo que ese sería un análisis superfluo teniendo en cuenta el aire de rabia y hastío que se impregna la obra con la dirección de un Lee que sabe que algunas veces las sutilezas no sirven, especialmente cuando el mundo está plagado de negacionistas y supremacistas blancos que fácilmente ningunean el mensaje y se aseguran de esparcir odio por todas las vías posibles. Es entonces cuando la misión propagandística que se le puede dar al cine hace que sea una herramienta más que importante en la lucha, y ciertas decisiones que pueden ser o no acertadas desde un punto de vista puramente narrativo quedan más allá del análisis porque más importa que cumplan su función primaria de atizar.

El grupo de amigos está conformado por Paul (Delroy Lindo), Otis (Clarke Peters), Eddie (Norm Lewis), y Melvin (Isiah Whitlock Jr.), quienes son acompañados por David (Jonathan Majors), el hijo de Paul, que busca una última forma de reconectar con su padre. Paul es justamente el personaje más complejo de la historia, sufriendo una versión más avanzada de estrés postraumático, afirmando que por las noches ve a Stormin Norman, y dudando de las motivaciones de sus amigos, especialmente de Otis, quien tuvo una relación con una vietnamita hace varias décadas. Otis y la mujer vietnamita se encuentran en una reveladora cita, disparando la nostalgia con respecto al pasado que tuvieron, sin saber cómo enfrentar exactamente lo que sucedió entre ambos. Hay una historia de amor truncada por las responsabilidades impuestas por la fuerza cultural y política que les rodeaba, y aunque haya pasado mucho tiempo, la sombra de lo que fue sigue obstaculizando el presente.

El guion fue originalmente escrito por Danny Bilson y Paul De Meo, y seguía a un grupo de cuatro soldados blancos regresando a Vietnam. Spike Lee y Kevin Willmott (que también co-escribió BlacKkKlansman) tomaron ese trabajo y lo adaptaron, y no imagino una obra de esta clase con personajes blancos lidiando con sus demonios de la guerra. No quiero decir con eso que no exista tal historia, o que sufra en comparación, pero lo que Lee y Willmott presentan es una obra sumamente relevante que exuda una energía de tedio y desesperación que adquiere fuerza con la situación actual para las comunidades afroamericanas, de la misma forma que Apocalypse Now de Coppola funcionaba como una representación de los horrores de la guerra en 1979. Lee no pretende esconder el hecho de que esta película y la obra maestra de Coppola funcionan como un diálogo intergeneracional que manifiesta que la guerra sigue sin terminar.

Las referencias son directas, desde el nombre de un club adonde van los cuatro amigos, hasta Ride of the Valkyries de Richard Wagner, que suena durante un montaje. Lo más importante es el descenso a la locura que experimentan los amigos a medida que se adentran en lo profundo del bosque vietnamita, que acompaña en paralelo al horror que iba sintiendo el personaje de Martin Sheen. En este caso, el que más sufre es Paul (un excepcional Delroy Lindo en un papel trágico y exasperante), cuyos traumas se activan en situaciones aparentemente mundanas como un comerciante local intentando venderle un producto, o una simple conversación con los amigos acerca de la confianza y los proyectos que tienen preparados una vez que encuentren el oro.

Todo esto se desarrolla con flashbacks donde vemos a Norman, no solamente liderándolos, sino también funcionando como su faro de esperanza, ofreciendo enseñanzas acerca de la historia negra y sermoneando cuando sus camaradas empiezan a perder el rumbo. Su visión cercana a la de Martin Luther King consigue que el quinteto permanezca unido, haciendo un buen uso del odio y la rabia que tienen a causa de estar peleando una guerra que no les corresponde, mientras el gobierno norteamericano los sigue discriminando sistemáticamente. Pelean y matan porque deben sobrevivir en medio de la jungla y porque saben que los «enemigos» no se sentarán a conversar, pero los motiva otras intenciones más relacionadas a la lucha de su comunidad en casa.

Este fue uno de los últimos papeles de Chadwick Boseman, y como en la mayoría de sus trabajos -incluyendo el de Black Panther– entrega una interpretación sobria para la posteridad, que también adquiere un efecto especial no imaginado porque es el tipo de papeles que venía eligiendo. Desde una leyenda afroamericana del baseball hasta un icónico cantante de soul, Boseman se aseguró de que sus caracterizaciones, por más pequeñas que sean, hablen directamente de lo que sentía como artista y se comuniquen con su comunidad. El rol de mediador y pastor que asume como Norman en esta película encaja perfectamente con su espíritu fuera de la pantalla, haciendo eco más allá del trabajo.

Otro aspecto fascinante de la obra es la fotografía de Newton Thomas-Sigel, que no posee títulos muy memorables en su cartera, pero que acá encuentra un colaborador que parece haberlo desafiado positivamente. La fotografía está presentada en cuatro relaciones de aspecto diferentes, cada una representando no solamente la época, sino la gama de sentimientos que atraviesan los protagonistas. Durante la época actual citadina, está presentada en 2.39:1, mientras que cuando atraviesan la jungla, se convierte a 16:9, metiendo al espectador en medio de la odisea. Los flashbacks son presentados en 16mm y una relación 1.33:1, encerrando al espectador en la vorágine de la guerra. Adicionalmente, hay momentos en que vemos el viaje desde la cámara de Super 8 de uno de los personajes, lo que aumenta la sensación de estar viendo un documental.

Principalmente, como muchas otras películas, Lee hace la pregunta retórica del por qué de la guerra, respondiéndola crudamente. Lo único más evidente que podría haber insertado es War de The Temptations, pero solo se conforma con mencionar al grupo musical. De igual manera, su tesis es tajante y visceral, y consigue su propósito de cuestionar el abuso de los negros, especialmente en contextos bélicos que generan heridas que nunca terminan de sanar. Hay una alegoría perfecta que se presenta con la introducción de Hedy (Mélanie Thierry) una activista que se dedica a desarmar minas viejas, y que critica como un dispositivo que lleva décadas enterradas de repente puede ocasionar un daño mortal a una persona. Eso mismo es la guerra, un evento funesto que puede convertirse en una bomba del alma y afectar a más de una generación.

Acerca de Emmanuel Báez 2717 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

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