‘Creed II’ golpea con gran fuerza emocional

Lo más sorprendente de Creed II es que hay mucho debajo de la superficie y todo tiene más fuerza que las emocionantes peleas entre Adonis Creed y Viktor Drago, hijo del infame Ivan Drago. Además de ser un genial drama deportivo, es una historia acerca del legado familiar que no tiene relación con trofeos ni cinturones, sino con las decisiones que se toman para que los hijos tengan una vida mejor. Ya desde el prólogo se anuncia una perspectiva diferente a toda la saga, empezando con una ilustración de la vida entre padre e hijo Drago en Ucrania, donde aparentemente viven desde hace un par de décadas, luego de que Ivan fuera expulsado de Rusia tras su derrota a manos de Rocky Balboa. Ni padre e hijo se dirigen la palabra, pero es evidente que están acostumbrados a la rutina: trabajo normal durante el día, boxeo durante la noche, y es ahí donde Viktor demuestra su fuerza bruta, eliminando a su oponente anónimo sin ningún problema.

Aparece el título de la secuela, y se marca el contraste social y familiar. Creed obteniendo el título de campeón mundial de peso pesado, recibiendo el apoyo y cariño de su novia, y su entrenador y mentor. El camino apunta hacia la cima cercana, donde todo brilla centelleante, hasta que un promotor de peleas pone en marcha el enfrentamiento del año, una nueva edición de Creed vs Drago. Primero, el orgullo, que nunca falta en este tipo de relatos. La caída del héroe y todo lo que tiene que enfrentar para descubrir que hay mucho más en la vida que lo que cree. Sin embargo, el sólido guion firmado por el propio Sylvester Stallone junto a Juel Taylor ofrece una mirada mucho más interesante a todo el proceso de recuperación y revelación, mostrando la otra cara de una moneda cargada de testosterona que generalmente no suele abrir a debate su lado vulnerable. En cualquier otra película, sería simplemente Adonis Creed y su odisea, pero esta película también pertenece a la familia Balboa y a la familia Drago, y esa decisión llevada a delante con sobriedad hace que sea una de las mejores entregas de la saga.

La fortaleza en la trama y el desarrollo de los personajes hace que no se resienta la ausencia de Ryan Coogler, que hizo de Creed un regreso magistral para una nueva generación. La dirección de Steven Caple Jr. es austera, aunque le falta algo de personalidad y un poco más de dinamismo, algo que podría ser desventajoso para este género en particular, que requiere de una visión enérgica y muy despierta. Sin embargo, las magníficas interpretaciones de Michael B. Jordan y Tessa Thompson llevan adelante el drama familiar con una carga emocional que pega fuerte de forma inesperada. Stallone prueba una vez más que es uno de los mejores actores de su generación, abrazando la edad con humildad y permitiendo que no sea un obstáculo para su caracterización. Los mejores momentos se dan cuando no tiene mucho que decir, y esos pequeños silencios donde su mirada contiene emociones de más son pequeñas joyas para atesorar.

Pero una de las sorpresas más agradables de la película es el trabajo de Dolph Lundgren y Florian Munteanu como Ivan y Viktor Drago, respectivamente. Munteanu, que no es un actor y viene de un background real del mundo pugilístico, también dice muy poco con palabras pero gesticula y expresa suficiente como para revelar con sus ademanes lo que no es capaz de vociferar. A través de su interpretación y la de Lundgren, que también acepta el paso del tiempo y lo usa fantásticamente para su personaje, se enfatiza en el tema de la película y su importancia en el legado familiar, casi poniéndole un moño a un guion que no posee villanos sino antagonistas que traspasan la pantalla y hasta resultan relevantes en una era en la que mucho se habla de los problemas que causa el hombre que no es capaz de conectarse con sus propios sentimientos y no soluciona sus propios problemas mentales. Es lo que menos esperaba de una película sobre boxeo, y es lo que la hace poderosa.

El tema de las familia y sus distintas aristas no es nada original en la saga Rocky, y hay una obvia fórmula que se sigue para no alejarse tanto de lo esencial. La trama presta de las primeras secuelas y eso le resta el factor sorpresa, pero lo compensa con un gran corazón en una historia bien enfocada que mantiene siempre el espíritu intacto pero lo adapta a los nuevos tiempos. Se siente realmente como el verdadero paso del mentor al nuevo campeón mundial, y ese golpe de nostalgia, exento de toda gratuidad, le agrega un merecido homenaje a uno de los íconos más grandes del cine, que se despide para darle espacio a una nueva leyenda.

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Acerca de Emmanuel Báez 2633 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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