‘Brightburn’ mezcla al origen de Superman con Carrie

La figura de Superman es una de las más omnipresente en la historia de la cultura pop, por más que sus películas recientes no hayan sido las más memorables. Se trata del superhéroe por excelencia, un ser de otro planeta que cayó en un pueblo de Kansas y adoptó los valores americanos de la época en la que fue creado, usando después sus poderes para luchar por el bien absoluto, siguiendo siempre el camino de la verdad y la justicia. Pero ¿qué hubiera pasado si Clark Kent descubría que su propósito era dominar el planeta al crecer y abrazaba su naturaleza malvada dese el principio? Esa pregunta la hacen en Brightburn, una película que prometía una respuesta aterradora y subversiva y, aunque no entrega todo lo que su potencial sugiere, resulta ser un producto de clase B que no deja de ser inquietante.

La película inicia también en una granja de Kansas, donde Kyle Breyer (David Denman) y Tori Breyer (Elizabeth Banks) están intentando nuevamente tener un hijo, algo que aparentemente vienen procurando desde hace un tiempo, sin éxito alguno. Momentos después ocurre un temblor, y ambos se adentran en el bosque contiguo, donde descubren una nave y, en su interior, un pequeño bebé. Por supuesto, así como la historia de Clark Kent, lo adoptan y lo crían como si se tratase de un regalo del cosmos, transmitiéndole todo el amor que un niño podría necesitar para ser una persona amable y sana en un mundo de muchos desafíos. Sin embargo, cuando el muchacho cumple doce años, algo en su interior se activa, como un llamado especial inevitable, y comienza a manifestar una actitud malvada que jamás se había vislumbrado hasta entonces.

El joven Brandon (Jackson A. Dunn) se deja fácilmente llevar por estas nuevas emociones, en una mezcla de malos consejos por parte de los padres y su defensiva al ambiente hostil que está experimentando en el colegio. Es el origen de un supervillano en su forma más pura, y la película solo lo aprovecha a medias. El guion, firmado por Brian y Mark Gunn, palidece porque no le dedica el tiempo suficiente a la historia. Es una película de noventa minutos, donde se dedican los primeros veinte a darle la vuelta a Man of Steel, con una fotografía muy similar y un drama familiar que va tocando algunos de los mismos pasos que la historia de la familia Kent, con el giro de unos padres no tan unidos y una infancia un poco más problemática de abusos por parte de compañeros y la soledad típica de un chico muy inteligente.

Sin embargo, cuando Brandon finalmente empieza a descubrir sus poderes, la cosa se pone muy seria muy rápidamente, y con la trama yendo al grano se vuelve más interesante. Con un guion relativamente flojo y acelerado, el principal atractivo de la propuesta queda en las escenas donde el joven se deja llevar por su lado malvado, experimentando con sus poderes con las personas que de alguna manera lo lastiman o lo molestan. Con esto se puede argumentar que había intención de relacionar el bullying -que es uno de los grandes males sociales en EE.UU.- con la exaltación de Brandon, además de la cuestión hormonal que juega un papel importante en su descarga, pero realmente el guion no profundiza en esos aspectos. Igualmente, con la mera sugerencia de estas motivaciones ya es fácil aceptar los efectos porque creo que hay sinceridad en cómo se va moviendo la trama y cómo se va desarrollando el personaje.

Estas secuencias son el mayor goce porque revelan a un chico incapaz de controlar sus emociones, sumergiéndose por completo en la vorágine adolescente. Con elementos gore de baja producción, pero bien ejecutados, el director David Yarovesky logra inquietar profundamente con situaciones sangrientas que la historia se las viene ganando. En otros momentos, la producción de bajo presupuesto es más una distracción, como unas rápidas escenas donde se lo tiene que ver volando de un lado a otro de la pantalla y realmente se nota la baja calidad de los efectos especiales.

También creo que hay un problema con el casting principal, o tal vez con la dirección de su actuación. Dunn tiene una mirada perturbadora, al estilo de Ezra Miller en We Need to Talk about Kevin, pero definitivamente no es Ezra, y eso se nota más en los intercambios entre padres e hijo, con una interpretación más apática. Entiendo que la intención es justamente mostrar a Brandon indiferente a las consecuencias de sus acciones, pero resulta más desganado. Tampoco Yarovesky es Lynne Ramsay, así que imagino que la guía apuntaba más a simplemente a emular indiferencia que trabajar en una especie de psicopatía explosiva.

No se puede negar que un poco más de tiempo y presupuesto hubiera posibilitado un desarrollo psicológico más profundo, pero solamente beben de Carrie lo suficiente como para impresionar, y no para perdurar. Aun así logran usar las limitaciones en favor de una historia pequeña con implicaciones mucho más grandes, que solamente se insinúan en una escena post créditos, porque ya nada simplemente puede empezar y terminar en una sola película en estos días.

Observación: La película se estrenó en Latinoamérica con varias de las escenas gore recortadas buscando una adaptación para un mayor público, lo que es lamentable en todo sentido.

Acerca de Emmanuel Báez 2651 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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