‘Bill & Ted Salvando el Universo’ es alegría pura y contagiosa

Aunque es una secuela que tiene casi veinte años en desarrollo, Bill & Ted Salvando el Universo no podría haber tenido un estreno más oportuno, entregando un mensaje de unión y colaboración a través del tiempo y el espacio, y cómo este acto es la única forma de recomponer el planeta. Su espíritu afable y ameno es idóneo para contrarrestar un 2020 cargado de malas noticias, y el concepto de la música uniendo a todas las realidades es un bálsamo que funciona para dejarnos una sonrisa en medio de tanta tristeza. Realmente me parece imposible hablar de la película de otra forma que no sea interpretarla como un diálogo directo entre la obra y el ser humano, a pesar de que sus intenciones están claramente contenidas entre los márgenes de su propia existencia efímera comercial. Y ni siquiera es la película más trascendental que haya manifestado sobre la importancia de la amistad y la unión en tiempos de vicisitudes, pero sí puedo argumentar que es una de las más entrañables.

La razón principal es Keanu Reeves (también otro motivo por el cual es difícil hablar de la película enfocándose solamente en su diégesis), una de las figuras públicas más queridas de Hollywood, desde mucho antes de su gran regreso al cine comercial exitoso con la saga John Wick. Fuera de la pantalla, sigue probando que es un artista comprometido con su entorno social y con un carisma que se traslada constantemente a sus obras, por lo cual resulta sincero y creíble con un aparente mínimo de esfuerzo. En otras palabras, tener a Reeves presente es garantía de jovialidad, hasta en los trabajos donde interpreta a personajes que no deberían ser tan queridos. Como Ted Logan, casi 30 años después de la última vez que vimos al personaje en Bogus Journey, Reeves sigue siendo ingenuo y adorable.

Alex Winter, por su parte, prefirió cultivar una carrera como realizador, mayormente en el ámbito de los documentales, y se dice que tuvo que tomar lecciones de actuación para volver al personaje de Bill S. Preston. No es algo que uno notaría, porque también habita a la versión adulta del muchacho candoroso con soltura, y lo único que por momentos se interpone en la naturalidad que exhibe es cierta dureza en los ademanes juveniles que sigue siendo una de sus características visibles. Lo mismo ocurre con Reeves, y es algo que se puede interpretar como «mala actuación», pero la verdad es que con todos los detalles juntos de ambos personajes, se siente bastante orgánico verlos moverse como si todavía tuvieran veinte años porque ambos poseen un aire de inocencia que es parte de la esencia de la historia y la clase de mensaje que quieren dejar.

El guion, escrito de vuelta por Chris Matheson y Ed Solomon, muestra a dos adultos Bill y Ted sin haber cumplido el propósito que se les anunció: componer una canción que unirá a toda la humanidad en armonía. Al contrario de ese objetivo, ahora son dos músicos veteranos que apenas consiguen vender entradas con sus nombres y tocan en lugares poco concurridos, aunque no dejan de experimentar buscando esa pieza musical que podría cambiar el curso de la historia. Por si la presión no fuera suficiente, llega del futuro Kelly (Kristen Schaal), la hija de Rufus, y le pide que hagan de vuelta un viaje con ella unos setecientos años hacia adelante. Allí ambos músicos son recibidos con decepción, muy al contrario de cómo eran ovacionados en sus primeras odiseas, y luego reciben la advertencia de que tienen poco menos de una hora y media para escribir la canción definitiva, ya que no solamente el futuro del planeta está en juego, sino de todo el tiempo y el espacio.

Como nunca expandieron sus capacidades intelectuales, deciden que la mejor opción es robar la máquina del tiempo que habían usado en su primer viaje, y visitarse a ellos mismos en el futuro, esperando robar la canción ya compuesta. Esto solo irá generando paradojas tras paradojas, las cuales irán presentando los chistes principales de la película, que tendrán relación con las decisiones no tan inteligentes que toman para tratar de solucionar el problema. No hay nada muy especial en la dirección de Dean Parisot, que tiene en su haber un montón de series cómicas y sitcoms, además de Galaxy Quest, una de las mejores parodias geeks que también funciona gracias a un guion agudo y un elenco de primera. Lo mejor que hace es dejar que Winter y Reeves evoquen el espíritu de sus personajes con libertad.

Otro punto importante que hace que la película se destaque es la presencia de las hijas de Bill y Ted, Thea y Billie, interpretadas por Samara Weaving y Brigette Lundy-Paine, que habrán visto las dos primeras películas unas cuantas veces para emular al máximo el aspecto y feeling de los dos muchachos, ya que son dos aciertos irrefutables de casting. A la imitación le agregan personalidad propia que también se siente natural, y son ellas las que toman la decisión más inteligente de armar una épica banda con músicos de toda la historia, con la intención de ayudar a sus padres. Es una buena forma de decir que la nueva generación no está tan perdida después de todo, y que hay esperanza con los jóvenes que son criados en el arte de la música. Toda la búsqueda que realizan es más divertida gracias a sus interpretaciones y la energía que aportan.

La subtrama de las esposas ralentiza un poco la aventura, aunque me parece loable que le den algo de espacio a las princesas, esta vez interpretadas por Erinn Hayes y Jayma Mays. No tienen un desarrollo sustancial, pero su presencia agrega variedad al elenco, y necesito de tiempo en pantalla para que el viaje de Bill y Ted tenga una culminación con algo más de peso. También regresa William Sadler como la Muerte, y su caracterización es igual de simpática como lo fue en la segunda entrega. A pesar de su simpleza y fácil digestión, Bill & Ted Salvando al Universo llega con un aura optimista que no debe pasar desapercibido, porque en esa modestia yace el designio de entretenimiento puro y generoso, y ese es uno de los grandes propósitos del cine.

Acerca de Emmanuel Báez 2709 Articles
Editor en Jefe y Crítico de Cine. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society. Miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix. Jurado Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2018.

Sé el primero en comentar!

Deja un comentario :D