‘Bad Education’, fraudes, engaños, y la actuación más compleja de Hugh Jackman

Una de las cosas que más me interesa al ver una película basada en un caso real, es verificar luego la fidelidad con los sucesos reales. En este caso, uno de los fraudes más notorios en la historia de la educación de Estados Unidos, perpetrado por una persona que, a todas luces, era sinónimo de excelencia. Frank Tassone era el superintendente de una institución educativa de Long Island, y logró que el lugar se convirtiera en uno de los diez mejores institutos del país. Por esa razón, era adorado por todos, tanto padres como profesores, y también alumnos, a quienes recibía con los brazos abiertos en su oficina cada vez que tenían una consulta. Una de las visitas que tuvo fue el de una alumna que trabajaba para el periódico escolar, y el consejo que él le dio, de esforzarse más y no dejarse limitar por las condiciones de su pieza periodística, fue lo que la llevó a investigar unas curiosas discrepancias en los archivos financieros de la escuela.

La escena en la que Hugh Jackman, con su carismática presencia, le sonríe a la joven Rachel (Geraldine Viswanathan en ascenso), empujándola a seguir sus sueños, es un intercambio que jamás ocurrió, pero es una de esas licencias creativas necesarias para desarrollar una historia con giros y sorpresas insólitas que solo requiere algunos retoques narrativos para ser bien redonda. El resto de la adaptación es mayormente honesta. Todo empieza a desmoronarse en la institución cuando se descubre que la asistente de Frank, Pam Gluckin (interpretada por una magnífica Allison Janney), había estado usando dinero de la escuela para compras personales, lo que iba desde joyas hasta casas, e inclusive viajes y automóviles. Millones de dólares malgastados, que tendrían que haber sido usados para reparaciones o incentivos educativos. Es sumamente fácil creerle a Janney cuando verifica cuáles casillas eliminar en su planilla, mientras calcula sobre sus siguientes gastos. La marca de una actriz versátil que sabe transmitir afabilidad mientras sus ojos tienen la firma de una criminal.

El caso de Jackman es un poco diferente porque la película pone al espectador en el mismo lugar que todos los que lo conocían en ese entonces, admirando su responsabilidad y confianza. Al principio, es notable el compañerismo y amistad que hay entre ambos, pero cuando se descubre el desfalco cometido por Gluckin, Tassone pasa de ser su mayor confidente a su enemigo. Sin embargo, Jackman consigue que en todo momento uno apueste por su personaje, de la misma manera que todos los padres de la escuela lo hicieron en su momento. La dirección acertada de Cory Finley y el guion sólido de Mike Makowsky mantienen un equilibrio perfecto de información, y la actuación de Jackman es sencillamente encomiable, ostentando una apertura y amabilidad aparentemente infinitas, sin dejar entrever en ningún momento su verdadera naturaleza.

El director encuentra el humor negro en toda esta situación, y relata el caso con astucia y un buen ritmo. Su visión, en compañía de un genial trabajo de fotografía, busca explorar la psicología criminal, especialmente aquella asociada a personas que actúan casi por impulsos incontrolables, y no a causa de una malicia villanesca. Después de todo, la escuela se había convertido en una de las mejores de todo el país, y conseguir un diploma casi era garantía de ingreso a algunas de las universidades más prestigiosas. Finley se pregunta entonces ¿se puede admirar a una persona por sus innegables aportes comunitarios mientras se lo denuncia por sus crímenes de confianza? Hay un verdadero dilema moral que el director lo representa con inteligencia, sin dejar de lado las ironías del caso.

Más allá del guion y la dirección, es el conjunto actoral lo que eleva el material en todo momento. Geraldine convence con la inocencia y determinación de una estudiante que descubre en el camino su vocación, y el soporte de Ray Romano, que hace de un padre miembro del consejo escolar, es más que verosímil, tomando al principio la palabra de Tassone muy fácilmente y luego mostrándose decepcionado y resignado ante la crisis venidera. Pero es Jackman quien entrega la mejor interpretación de su carrera, muy alejado de la ira suprimida de Wolverine, y más cerca de alguien de naturaleza compleja, cuya mitomanía patológica realmente merece un estudio psicológico aparte.

Acerca de Emmanuel Báez 2692 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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