‘Annihilation’, explorando la naturaleza humana

Los mejores trabajos de ciencia ficción son un reflejo de las preguntas más profundas de la humanidad y una exploración de cuestionamientos que son capaces de llevar al hombre a lugares insondables de su existencia. ¿Qué nos hace humanos? ¿Qué somos realmente? Alex Garland viene encarando preguntas como estas desde el inicio de su carrera cinematográfica, y Annihilation es su mejor trabajo. Tras proponer una pregunta fundamental con Ex Machina, su primer trabajo como director, ahora adapta la primera novela de la trilogía Southern Reach de Jeff VanderMeer, y lleva al público a una búsqueda todavía mayor que evoca temas sumamente interesantes a través de una película de ciencia ficción que evoluciona con parsimonia pero conquista con audacia e inteligencia. Sin duda alguna, Garland es uno de los realizadores más ambiciosos trabajando ahora mismo, y es un verdadero alivio que haya podido entregar esta película al público sin ninguna alteración, ya que en Paramount se desesperaron por no comprenderla y buscaron que el director haga cambios significativos a la obra.

La trama gira en torno a Lena (Natalie Portman), una bióloga que enseña en una universidad mientras sufre en soledad la ausencia de su marido, Kane (Oscar Isaac), un militar que tiene más de un año desaparecido en acción tras haber partido para una misión clasificada. Tras la reaparición del mismo y la sospecha de que algo muy malo le está pasando, Lena termina en una instalación secreta donde le revelan que su marido formó parte de la última expedición a una zona profundamente afectada por un fenómeno imposible de describir, el cual comenzó a surgir hace unos tres años, y que está expandiéndose de forma lenta pero irremediable. Esta zona, rodeada por algo que llaman «El Resplandor», es a donde ella se dirige junto a un equipo conformado por una física (Tessa Thompson), una paramédica (Gina Rodríguez), una geomorfóloga (Tuva Novotny), y una psicóloga (Jennifer Jason Leigh). Cinco mujeres que llevan consigo una carga emocional secreta con las cuales Garland sondea sobre la condición humana.

En la superficie, hay un relato de ciencia ficción que resulta muy atractivo cuando aprovecha el concepto de «El Resplandor», que se presta para una variedad de juegos visuales con las cuales Garland ofrece momentos de tensión creciente bien trabajados y situaciones de puro terror psicológico. A medida que las mujeres se adentran en lo profundo del «Área X», la naturaleza va volviéndose más peligrosa, entre sueños y pesadillas, con mutaciones que van desde lo hermoso hasta lo aterrador, y la forma en la que el director presenta los descubrimientos que van haciendo, va premiando de a poco mientras sigue plantando más incógnitas en el camino, como migajas de pan cada vez más grandes que satisfacen solo lo suficiente como para que uno siga atento y en suspenso lo que ocurre a continuación. Una escena en particular involucra una bestia descrita en un principio como un oso, pero que es una mutación indescriptible que ya va revelando el grado de transformación que va sufriendo todo organismo en la zona. Esta podría haber sido una simple escena de terror con un simple monstruo, pero un detalle brillante eleva al máximo la sensación de desesperación que van sintiendo las protagonistas.

Al penetrar más en lo que el director está buscando contar, hay una fantástica y complicada meditación sobre la naturaleza destructiva del ser humano, así como la naturaleza autodestructiva de la propia existencia. La creación a través de la destrucción, y la transformación de la materia desde su estado más microscópico, todo desde la óptica del ser más egocéntrico del cosmos, que es al mismo tiempo el más complejo y más fascinante hasta el final. Cada una de las mujeres tiene una motivación ulterior para estar en ese lugar, ya sea una enfermedad terminal, un pasado de adicción, una muerte reciente, o una necesidad de sentir vida. En el caso de Lena, es la relación con su marido que se fue deteriorando con el paso del tiempo, algo por lo que ella se culpa, y pretende remediar buscando una forma de salvarlo de una muerte inminente. Ante la posibilidad de la aniquilación de la raza humana, cada una busca una nueva forma de vida, y todas la encuentran, de una forma u otra.

La visión de Garland ensalza cada tema con una puesta en escena detallista en la que parece que muy pocas cosas quedan al azar. Hay numerosos planos desde atrás de materiales que deforman las figuras de los personajes, dejando solo siluetas que no pueden someterse a descripciones objetivas. Otros son simbolismos directos que aprovechan, por ejemplo, el concepto de la mitosis para comentar acerca de la dualidad del hombre y su estado de continua transformación. Algunos son menos sutiles que otros, pero hay mucha inteligencia en la forma que el director desarrolla su propuesta, y esa ambición solamente ya supone un interés por explotar el género, algo que es digno de admiración. La nueva colaboración con los compositores Geoff BarrowBen Salisbury es también un gran acierto, en especial en una escena climática que es una coreografía musicalizada demasiado hermosa e hipnotizante como para que haya durado tan poco.

A nivel actoral, también hay un logro encomiable. Natalie Portman entrega uno de sus mejores interpretaciones, pudiendo pasar de la vulnerabilidad a la entereza en cuestión de microsegundos, y teniendo que ir más allá de una simple caracterización cuando se trata de un personaje que se ve obligado a presenciar lo más recóndito de su propia naturaleza, sin comprenderla por completo, sin tener tiempo para analizarla, enfrentándose a un horror inimaginable que es, de alguna manera, ella misma. De la compañía también destaco a Gina Rodríguez que merece convertirse en estrella de cine muy pronto. Es una actriz que genera una atracción magnética y viene prometiendo bastante en la televisión.

Annihilation deja preguntas en el aire, pero ninguna denota un abandono por parte de su realizador, sino todo lo contrario. Garland propone temas y pone en práctica un necesario desapego para que el debate perdure, ofreciendo una que otra respuesta solamente para cerrar un arco, pero no para imponer su conclusión por sobre cualquier explicación que se le pueda encontrar a la obra. Puede ser tan complicada como sencilla, dando de comer a todos los que busquen algo ingenioso pero fugaz, como a los que disfrutan cuando una película se mete debajo de la piel y se abre paso desde adentro, prometiendo nuevas experiencias tras cada nuevo visionado.

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Acerca de Emmanuel Báez 2652 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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