‘Ad Astra’, una odisea espacial para la salvación propia y del planeta

El título de Ad Astra está inspirado en la frase en latín Per aspera ad astra, que se puede interpretar de varias formas, pero una de las traducciones aceptadas es «A través de las dificultades, hacia las estrellas», reflejando el ineludible golpe de la vida en el camino a la meta anhelada. Por supuesto, se puede tomar tanto en sentido figurado como literalmente, lo que se aplica perfectamente a la película de James Gray, que es el viaje de un hijo intentando reencontrarse con su padre después de treinta años, y al mismo tiempo es sobre la importancia de la conexión humana, tanto la que necesitamos dejar ir como la que debemos cuidar para enfocarnos en lo que es esencial para el futuro. En tiempos de conflictos y esperanza, es una película que necesitamos más que nunca.

Claro que a estas alturas los temas que toca no son novedosos. Existen muchas películas que tienen como centro una relación entre dos o más personas, pero cuyo motivo ulterior es establecer una conversación acerca del vínculo humano. Después de todo, es psicología básica, aprender a aceptarse uno mismo, incluyendo los defectos, antes de fundar una empresa afectiva, pero no se puede negar que una realización superior eleva también hasta los temas más sencillos. Tampoco rebosa en originalidad, ya que hay una clara y fuerte inspiración en Apocalypse Now y 2001: A Space Odyssey, pero a diferencia de otras películas que se suman a la tendencia de hacer referencias de la forma más superficial y cómoda, esta adapta los mejores temas y elementos de esas dos películas, y los transforma para contar una historia con identidad propia.

La trama sigue al astronauta Roy McBride (Brad Pitt), que acepta la misión de viajar hasta las cercanías de Neptuno con el objetivo de verificar si su padre, el astronauta Clifford McBride (Tommy Lee Jones), sigue vivo, ya que podría ser el causante de una serie de descargas electromagnéticas que están afectando a la Tierra, causando estragos de proporciones apocalípticas. Su padre desapareció del radar espacial hace treinta años, cuando comandaba una misión para buscar vida extraterrestre desde el punto más alejado del Sistema Solar al cual podía llegar el ser humano. Roy siguió sus pasos y se convirtió en el astronauta más prestigioso, aunque la partida de su padre hace tres décadas lo convirtió en un hombre ensimismado, manteniendo sus emociones compartimentadas, alejando a todo aquel que deseaba conocerlo más allá de la figura popular.

Brad Pitt entrega una de las interpretaciones más reflexivas de toda su carrera, lo que sumándole al trabajo que hizo en Once Upon a Time in Hollywood, sirve como testamento de una maduración que ya se venía dando desde By The Sea. En el medio hizo varias películas memorables, pero ninguna dependía tanto de su mirada adulta y vulnerabilidad. Si Tarantino lo ayudó a colocarse de vuelta la etiqueta de sex symbol, James Gray lo posiciona entre los actores más sólidos de su generación, aprovechando que Pitt se encuentra emocionalmente en un lugar alejado de la superficie, donde reinan los arrepentimientos y las heridas no cicatrizadas. El actor abre esa misteriosa caja personal (hizo la película en medio de una separación y lucha contra el alcoholismo), dejando ver su lado más humano, imbuyendo a su personaje de una complejidad bien trabajada en capas. Es un actor de 55 años interpretando a un hombre afligido de unos 15 años menos, tratando de contener el asombro ante sus superiores mientras le brillan los ojos como a un muchacho de 15 años al enterarse de que su padre podría seguir vivo.

Se embarca entonces en una odisea desde la Tierra hasta Neptuno, pero pasando por las estaciones en la Luna y Marte. Su viaje recuerda al del Capitán Willard en la obra maestra de Coppola, incluyendo la narración y las preguntas existenciales acerca de la importancia de sus conocimientos y logros en comparación a la de la persona que debe ubicar, en este caso, su padre. Roy empieza demostrando admiración hacia su padre, pero a medida que avanza, va descubriendo otras facetas de su progenitor, cambiando las piezas que ya tenía y armando otro cuadro muy diferente al que había construido tantos años atrás. Las intervenciones de Donald Sutherland y Ruth Negga agregan información suficiente como para que Roy comprenda que la imagen idealizada de su padre no coincide con la realidad, aunque solo fortalecen su necesidad de reencontrarse con él para conocer la verdad en persona.

Mientras que Gray mueve la cámara de tal manera que el rostro de Pitt cuente parte de la historia, dejando de lado todos los artificios propios del género, la fotografía de Hoyte van Hoytema pinta su viaje de tal manera que se mezclan el relato personal de Roy con las intenciones más trascendentales del guion firmado por Gray y Ethan Gross. La colaboración resulta en una de las obras más hermosas del año, que no pierde fuerza ni cuando se torna más evidente hacia el tercer acto, gracias a una composición con connotaciones espirituales, e imágenes que hacen pensar a uno en la fuerza de la perspectiva. De repente, Roy cerca de Neptuno, tiene mucho más que decir sobre la belleza del planeta Tierra, que es apenas un punto borroso desde ese lugar.

El trabajo de sonido le da el toque extra de realismo, algo que las películas ambientadas en el espacio vienen buscando desde Gravity, aunque en esta ocasión parece que se toman una leve licencia, agregándole una capa tenue de ficción en las escenas que se llevan a cabo en la Luna. De igual manera, no entorpecen para nada el desarrollo, ya que el director mantiene la sobriedad, minimizando el espectáculo en favor de un relato íntimo que habla tanto de la importancia de cortar lazos insanos, como fortalecer las uniones emocionales con aquellos que realmente están para nosotros, todo como base para poder enfocar la mirada en los problemas más grandes que el planeta está enfrentando, ya sean políticos, sociales o, en este caso, ambientales. Cuando una película puede hablar de tantos temas a la vez sin perder la fuerza en el nivel más básico de su narración, entonces tiene el potencial de convertirse en un verdadero clásico.

Acerca de Emmanuel Báez 2662 Articles
Editor en Jefe y crítico de cine en @Cinefiloz. Primer miembro paraguayo del Online Film Critics Society, miembro de la asociación Cinema23 del Premio Iberoamericano de Cine Fénix.

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