‘A Bigger Splash’, una explosión visual de deseo y sensualidad

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Así como su intenso melodrama hogareño I Am Love de 2009, la tercera cinta dirigida por aclamado director italiano Luca Guadagnino es un festín para todos los sentidos. Italia una vez más se convierte en un escenario cargado de erotismo, sensualidad y romance para que este minimalista realizador nos sumerja en un mundo apasionado de miradas y caricias prohibidas bajo el ardiente sol del verano. A Bigger Splash es la segunda película de la Trilogía del Deseo de Guadagnino, precedida por I Am Love (2009) y seguida por Call Me by Your Name (2017).

La camaleónica Tilda Swinton, musa de Guadagnino, ha sido reclutada por el mismo en cuatro ocasiones, desde 1999 con The Protagonists, ópera prima del director, pasando por la mencionada I Am Love y el polarizado remake de Suspiria en 2018. Lejos de sus más excéntricos personajes, Swinton deslumbra con naturalidad en el papel de Marianne Lane, una exitosa cantante pop que disfruta de un merecido descanso tras una operación en la garganta en la paradisíaca isla italiana Pantelleria, acompañada por su amante Paul De Smedt (Matthias Schoenaerts). Sus tranquilas y románticas vacaciones son rápidamente interrumpidas por Harry Hawkes (Ralph Fiennes), el extrovertido y agobiante productor de Marianne, que llega inesperadamente acompañado de su hija Penelope (Dakota Johnson).

Siempre rondando las relaciones interpersonales, Guadagnino esta vez se centra en los deseos de los protagonistas, y lo que hacen al respecto. Marianne es una mujer que en los días de antaño era un espíritu libre y rebelde, características que parecen vivas aún cuando sube al escenario vestida como una imitadora contemporánea de David Bowie, pero son aspectos que al parecer prefiere dejar lejos de su vida personal. Paul, el amante, es un hombre que alguna vez estuvo completamente enamorado de Marianne pero en la cinta vemos a un hombre más enamorado de su orgullo que de su amante y de la idea que Marianne representa: estatus, sexo y una superioridad frente a Harry. Este, por su parte, sigue completamente enamorado de Marianne, como un adolescente persigue a su primer amor, y Marianne cede a los impulsos, pues es atrapada por la espontaneidad y energía que le brinda Harry, un fuego apasionado que nunca vemos que siente con Paul, pese a lo mucho que ambos parecen intentarlo. Por su parte, Penelope representa la juventud rebelde e impaciente que no duda en creer que es lo suficientemente inteligente para comprender el mundo de los adultos. Coquetea abiertamente con Paul e incluso mantiene esta actitud con su propio padre, al que acaba de conocer hace menos de un año. Merodeando por la isla Pantelleria, los cuatro comienzan a desatar sus impulsos más profundos hacia un abismo que, inevitablemente, trae consecuencias trágicas.

La relación entre estos personajes, sus deseos y sentimientos ocultos, se construyen alrededor de un sólido guion firmado por David Kajganich, colaborador asiduo de Guadagnino, y es este quien captura con una sencillez inusitada la eufónica belleza de las pintorecas locaciones que acompañan la historia. Todos los actores realizan un trabajo impecable: a pesar de casi no tener diálogos, Swinton hace gala de una enorme naturalidad que pocos intérpretes llegan a poseer. Schoenaerts, una estrella en su país natal pero un recién llegado a Hollywood, derrocha masculinidad y su presencia es imponente de principio a fin, y Johnson en su carrera pre Fifty Shades of Grey (2015) aporta la sensualidad femenina a la película. Pero es Ralph Fiennes quien se come la cinta, entregando su mejor interpretación desde The English Patient (1996).

A Bigger Splash es una película que encuentra la belleza en la sencillez. Los planos y las tomas de Guadagnino parecen estar inspiradas en las más narcisistas y eróticas obras del Renacimiento; la desnudez, elemento recurrente en las cintas del director, evita siempre lo mórbido, y en su lugar evoca una sensualidad inocente y elegante. Incluso en los momentos más intensos, Guadagnino se ingenia para extraer lo más espontaneo de tomas en las que, en manos de otro director, muy probablemente se sentirían forzadas y fuera de lugar. La elección de los colores también es sumamente acertada: la cálida atmósfera acentúa la sensualidad de las miradas y los diálogos. Las escenas en el pueblo también encuentran su lugar, brindando un escape al espectador de la monotonía de la casa de Marianne y Paul, adonde siempre volvemos con más tensión que antes. El lenguaje visual de la película es muy importante, no solamente porque es agradable a la vista, sino que personifica aquellas cosas que nunca se dicen. A medida que el cuarteto va sumergiéndose en las aguas del deseo, la tranquilidad de los pequeños detalles y los lugares que se establecieron como familiares se alteran para dar paso al clímax de la película, una tragedia ambigua que abre muchos cuestionamientos, en los que la moral está fuera y los sentimientos más oscuros gobiernan la mente del ser humano.

Conscientemente o no, Guadagnino hace en A Bigger Splash lo que mejor sabe hacer: dejar que sus personajes vivan sus vidas y tomen sus propias decisiones, fabulosamente. El realizador se ha convertido en todo un referente mundial del cine italiano, gracias a su particular estilo minimalista, sus anticlimáticos movimientos de cámara e historias comunes y corrientes que tienen una magnitud irreverente. Hallar la belleza en cosas simples no es una tarea fácil, sobre todo cuando estas cosas no están al tanto de su magnificencia, y necesitan el ojo de un artista para brillar. Luca Guadagnino nos abre su mundo dentro de puertas cerradas, y así como en la película, la piscina rectangular es su propio lago del deseo.

Acerca de Maximiliano Núñez 99 Articles
Escritor ocasional, aficionado al arte y amante del cine independiente.

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