‘Umberto D.’, lacrimógena soledad

Ya había hablado con anterioridad sobre la maravillosa ‘Ladrones de Bicicleta’ y la posterior mágicaMilagro en Milán, y es preciso terminar con el deslumbrante ‘Umberto D.’ (1952) para asimilar en su totalidad la visión del magnífico Vittorio De Sica, con respecto a temas tan sensibles para una época frágil y casi perdida en la indiferencia que el susodicho cineasta ya se encargó de retratar con tanta originalidad en las cintas mencionadas.

Sin embargo, es difícil aceptar que esta tercera película de su Trilogía de la Pobreza fuera un fracaso de taquilla en su año de estreno, no fue sino hasta años más tarde donde se reconoció el indiscutible valor de la misma, más aún por tratarse de un relato bien intimista y emotivo que consigue despertar a los corazones más duros, en mayor parte por un guión sólido e imperecedero, de parte del genial Cesare Zavattini.

‘Umberto D.’ es una historia de un anciano a quien la vida ha dejado de sonreirle hace bastante tiempo, el exigüo dinero que entra de la pensión no sirve ni para la más básica de las necesidades y el amargo sabor de un incierto mañana no hace más que invitarlo a terminar con su propia vida, luego de una gran variedad de desventuras que logran quitarle la más minúscula muestra de esperanza. Sin embargo, siempre contará con el aprecio de una joven criada y su eternamente leal perro Flyke.

La película comienza con una mediocre manifestación, nada tan grande como para que las autoridades policiales no puedan manejar con porras y amenazas. La protesta está conformada por ancianos y personas de alta edad, quienes exigen el aumento de sus pensiones, en un tiempo postbélico de miseria, hambruna, pobreza y otras desgracias similares. Nuestro personaje forma parte de la rabiosa muchedumbre, pero la edad ya no le deja demostrar esas emociones provocadas por la falta de atención de lo más privilegiados, su rostro expresa desde la primera toma, cansancio y fragilidad.

‘Umberto Dominico Ferrari’, como se introduce a otro señor luego de escapar de la policía, vive alquilando un insignificante departamento de una señora a quien también el paso del tiempo la ha convertido en toda una huraña, la hermosa criadita del hogar es su humilde compañera de anécdotas y su perro Flyke, siempre silencioso, se encarga se recordarle acerca de la remota posibilidad de que todo puede mejorar.

A lo largo de la película, los dilemas presentados ahondan en diferentes temas, de los cuales cada uno podría tomar de mi varios párrafos, pero como ya varios de ellos me hicieron explayarme en análisis anteriores, prefiero quedarme con el que más me movió de esta película: la soledad. Umberto D., es constantemente acechado por la soledad. El eventual extravío de su perro lo conduce a una búsqueda desesperada de su fiel amigo, no se imagina su indigente traginar diario sin la compañía de Flyke, aún a pesar de que días anteriores estaba buscando un lugar donde dejarlo.

Pero esa necesidad de tenerlo va más allá del cariño inmenso que tiene por el animal, su miedo a terminar solo es aún mayor que cualquier otro sentimiento, tanto que al final contempla la posibilidad de quitarse la vida junto con su perro. Un largo proceso de triste andar lo lleva a tan penosa decisión, momentos que lo empujan a perder su dignidad y pedir limosnas en la calle y momentos de total desmoronamiento emocional, todos plasmados con innegable eficacia por la mano prodigiosa de Vittorio De Sica.

Destacable personificación de Carlo Battisti, una vez más como es costumbre en cintas neorealistas, un actor desempleado, pero ejemplar. Admirable interpretación de una hermosa Maria Pia Casilio, y una puesta en escena espléndida de un De Sica que le había dado un significado propio al cine como arte, con obras emotivas e inmensamente tiernas como éstas.

Emmanuel Báez

Octubre 04 2008 02:43 am | Clásicos - Críticas

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3 Comentarios en “‘Umberto D.’, lacrimógena soledad”

  1. pAtO!! dijo:

    i hope to see it someday.. =) ..-

  2. Grizzie dijo:

    Esta película la tienen que ver! No apta para gente sin corazón ni empatía.

  3. Grizzie dijo:

    Como apasionada de la raza canina tengo una opinión diferente de acerca de porqué Umberto considera suicidarse con Flyke (spoiler alert!). Creo que luego de comprobar que nadie lo cuidaría tan bien como él, prefiere sacrificarlo antes que abandonarlo a su suerte.

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