Neorrealismo italiano, ‘Ladrones de Bicicletas’

Si una persona se considera medianamente cinéfilo, no puede no haber escuchado jamás sobre esta película. Si no es así, puede deducirse que va al cine buscando nada más que entretenimiento y no ha dado jamás ese paso extra que se necesita para saber encontrar lo complejo dentro de lo simple, que puede resultar a simple vista una película como ‘Ladrones de Bicicletas’, del genial Vittorio De Sica. Y es que cuando los norteamericanos se deleitaban con sus obras cumbre de la década de los 40, como ‘Ciudadano Kane’ y ‘Casablanca’, se mordían los labios en silencio por la envidia provocada por el nacimiento del Neorrealismo Italiano, de la mano de los grandiosos Roberto Rosellini, Luchino Visconti y Vittorio De Sica, que supuso el origen de una nueva etapa en la historia de la apreciación de cine.

El Neorrealismo Italiano, marcado por historias en ambientes de pobreza y expresando la desesperación y el desasosiego que se sintió en épocas de la post-guerra, presentó a la que se considera su mejor representante en 1948 con el estreno de ‘Ladri Di Biciclette’ (’Ladrones de Bicicletas’), un relato poderoso y revolucionario vitoreado hasta hoy día, que prueba algo tan sencillo e innegable: el cine verdadero sobrevive al paso del tiempo.

Y es que encontrar el mensaje y profundizar en los temas expuestos en esta cinta puede no resultar fácil, y justamente ahí recae el vigor que tiene la misma. Sus mensajes están implícitos en cada plano seleccionado y cada diálogo, cada expresión de miedo y de angustia que la cámara captura sin el objetivo de resultar demasiado obvio, y va mucho más allá de lo simple que le parece a uno cuando le cuentan el argumento: es la historia de un padre y su hijo que buscan una bicicleta robada que es de vital importancia para su trabajo.

Antonio Ricci es, como uno más de aquella época, un padre de familia pobre que lleva mucho tiempo sin conseguir trabajo, pero la vida parece querer sonreírle nuevamente cuando le llega una oferta de trabajo que no puede permitirse perder por ninguna razón. Sin embargo, resulta que el único requisito para acceder a ese trabajo es poseer una bicicleta, que él tenía pero tuvo que empeñar para poder alimentar a su familia. Volver a empeñar otros objetos de su humilde casa para conseguir dinero suficiente y retirar la bicicleta empeñada primeramente termina siendo la única solución, pero ni siquiera tener  que intercambiar unas cuantas frazadas por dinero le quitan la sonrisa del rostro a su esposa, que entiende la importancia de esta oportunidad única de volver a trabajar y tener un sueldo mensual.

El relato se toma su tiempo, presentándonos también a Bruno, hijo de Antonio que acompaña a su padre al día siguiente en la nueva bicicleta y se detiene en su lugar de trabajo. Antonio sigue su día con la felicidad abrumadora en la que se regocija después de mucho tiempo. Sin embargo, esta felicidad le duraría más poco de lo que tenía planeado, ya que a unas horas de estar trabajando pegando posters por las calles, un desconocido le roba la bicicleta y huye rápidamente sin darle siquiera posibilidad de pedir ayuda.

Desde ese momento, ‘Ladrones de Bicicletas’ se encarga de criticar a una sociedad desesperada, y nos enseña las consecuencias que aquejaron a los sectores más desfavorecidos después de la guerra, donde la antipatía y la indiferencia opacaron a los valores humanos y la desesperación y los deseos de sobrevivir eran los causantes principales de un egoísmo inevitable.

¿Pero qué es lo que realmente hace que esta película sea tan imponente? No se trata simplemente de un padre e hijjo buscando un objeto, va mucho más allá de eso. Se trata de la búsqueda de una necesidad, de un sueño perdido, de una esperanza en peligro que amenaza una sólida relación padre e hijo, en ese sentido, la obra se convierte en un poema acerca de la fragilidad incuestionable de la dignidad humana y la facilidad con la que queda de forma perenne en la memoria lo que los ojos ven, pues todo lo que acontece a lo largo de la cinta son agobiantes recorridos para el padre, pero abrumadoras lecciones de vida para el hijo.

Vittorio De Sica se encarga acá de retratar magistralmente otros aspectos de la pobre cotidianidad de la pos guerra, como la necesidad de recibir respuestas sobre el borroso futuro que las personas querían evitar como fuera, y acuden a una supuesta vidente que no sabe más de lo que cualquier mortal podría saber pero comprende la oportunidad lucrativa de aprovecharse del miedo de los demás; o la hipocresía de una iglesia católica establecida representada por damas exageradamente elegantes y de mucho acceso económico ofreciendo alimentos básicos a cambio de conseguir más adeptos.

No es algo simple, no se trata como es tan común hoy, del bien y el mal. ‘Ladrones de Bicicletas’ no presenta en ningún momento la posibilidad de diferenciar fácilmente entre el bueno y el malo. Todos los personajes sufren de una u otra manera y en momentos uno cambiará su opinión sobre tal personaje y volverá a hacerlo minutos después. Se nota el dolor y la angustia de cada uno de los protagonistas, inclusive de los secundarios, y una necesidad de desahogo por los malestares emocionales que provocan tantos dilemas sociales. Tal desahogo que se siente cuando un tropel atrapa a Antonio, que terminó siendo controlado por su angustia y decide robar una bicicleta, y es abofeteado una y otra vez frente a su hijo que lo presencia todo con una expresión de incontenible miedo.

Esta escena casi final nos expone una situación difícil que pone en reflexión temas como la honestidad y la impotencia de sentirse rodeado de personas en una sociedad indiferente donde el otro queda anulado por la búsqueda del bien propio, pero a pesar de todo eso, no se olvida de hacernos recordar algo tan obvio pero casi desconocido: cómo en medio de tanta pesadumbre una mano amiga puede sanar cualquier herida. Esa mano que Bruno tiende a su padre en un intercambio final de miradas y lágrimas, no es nada pequeño, es un perdón que no es fácil ni simple, es una muestra valiosa de comprensión y amor en una época donde los sentimientos pueden ser lo único duradero.

Resulta impresionante percatarse de como hasta la actuación de los protagonistas queda en segundo plano una vez que se da ese paso extra para comprender el mensaje de la película, pero aún así, las actuaciones intachables de Lamberto Maggionari como Antonio, y Enzo Staiola como Bruno, son pilares intocables que conviertieron a esta película en una verdadera joya del cine. Y hago énfasis en Enzo Staiola por haber sido un niño con unas habilidades naturales y casi mágicas de provocar empatía en cada escena, algo realmente inolvidable.

Algunos factores internos ayudan aún mucho más a enaltecer esta maravilla, como que Vittorio De Sica había elegido a ambos actores por ser novatos y jamás habían actuado en una película, que también es una de las características más comunes del neorrealismo; es más, el pequeño Enzo fue quitado directamente de las calles para aparecer en la cinta.

Muchos mensajes más pueden rescatarse de un indiscutible tesoro como lo es ‘Ladrones de Bicicletas’, pero es preferible dejarlo a criterio de cada uno, que dar ese paso extra para comenzar a apreciar el cine como mucho más que un simple rato de entretenimiento termina valiendo la pena al toparse con películas como éstas.

Emmanuel Báez

Agosto 19 2008 12:32 pm | Clásicos - Críticas

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Un Comentario en “Neorrealismo italiano, ‘Ladrones de Bicicletas’”

  1. Grizzie dijo:

    A los que ya vieron Ladri les recomiendo vean C’eravamo tanto amati de Ettore Scola, menciona a Ladri varias veces y hasta el mismo De Sica aparece hablando de la película.

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